viernes 24 de octubre de 2008 - 7:35 AM

La minga de resistencia indígena

El número exacto de indígenas que rumbo a Cali avanza por la carretera Panamericana varía según la fuente que se consulte, pero no son menos de 20 mil entre hombres, mujeres, niños y adultos mayores, quienes con disciplina marchan y le expresan al país y al mundo sus mil y más razones de inconformidad con una gama de situaciones que padecen.

¿Cuál fue el detonante de esta protesta indígena? Si bien los problemas e inequidades de la sociedad con los indígenas hunde sus raíces en lo que ha ocurrido a partir del 12 de octubre de 1492, las razones del actual movimiento hay que buscarlas en la ligereza y poco tacto con que el Presidente de la República, varios ministros y algunos asistentes al Consejo Comunitario que se celebró en Popayán en marzo del presente año trataron temas neurálgicos para tal etnia.

La minga actual empezó como una protesta pacífica de comunidades aborígenes de un departamento, el Cauca, y desafortunadamente el gobierno no se percató que era un conflicto social, le dio tratamiento de problema de Policía, lo criminalizó y estigmatizó arguyendo que estaba infiltrado por terroristas. Ese proceder fue nefasto.

A los conflictos sociales no se les puede dar tratamiento de problemas de orden público. ¿El resultado de tamaña equivocación? Hoy el movimiento es una expresión social que se extiende por 16 departamentos, tiene trascendencia mundial, los ojos de todos los defensores de derechos humanos y científicos sociales del orbe están puestos en él, las organizaciones internacionales están pendientes de su desarrollo y es noticia en los cinco continentes.

Mucho tuvo que ver en tan equivocado tratamiento la poco lúcida locuacidad del ministro de Protección Social, Diego Palacio, quien volvió la protesta un caso de Policía, las intervenciones públicas del Director de la Policía, general Óscar Naranjo y las afirmaciones del ministro de Defensa.

El movimiento indígena, sus inveterados y centenarios problemas, el que  durante siglos se les haya reducido sus territorios, violado sus derechos, el no cumplimiento de lo contenido en la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas cuya expedición impulsó la ONU y que Colombia se abstuvo de suscribir, exigen un diálogo abierto, franco y sensato que comience admitiendo una verdad de a puño: la política indigenista del Estado colombiano es deficiente.

En Colombia hay cerca de un millón 300 mil indígenas, es decir, poco más del 3% de la población del país pertenece a esa etnia y hoy exigen que se les oiga, no que se les judicalice.

El Presidente de la República les propuso asistir a un Consejo Comunitario en Popayán. Ellos respondieron que por esa ciudad ya pasaron, que no retroceden y que dichos consejos son un diálogo de sordos.

O se adopta una posición inteligente sobre esta crisis, o las consecuencias serán lamentables.  

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