domingo 12 de marzo de 2023 - 12:00 AM

La muerte anunciada de Metrolínea

Pero pasaron alcaldes y gerentes, uno tras otro, sin que ninguno hiciera lo que se requería para resolver un problema que crecía a la sombra de la negligencia y la indolencia oficial. Hoy ya no nos queda más que esperar que el golpe de gracia al Sitm, no signifique la entrega total a la ilegalidad.
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Finalmente, luego de años de aplazar el momento al que se veía que teníamos que llegar, sólo ahora, cuando las deudas han crecido hasta el exorbitante nivel de los 300 mil millones de pesos, y el deterioro físico e institucional es más que evidente, se llegó a la hora de la liquidación de Metrolínea, un hecho totalmente indeseable que significa, nada más y nada menos, que uno de los más grandes fracasos históricos de nuestra dirigencia política y, claro, el estruendoso final de un proyecto ampliamente promocionado y largamente incumplido.

Lo que iba a ser la unificación del transporte público masivo del área metropolitana, que iba a convertirse en el motor de desarrollo más importante en el comienzo del siglo 21, que iba a mejorar las condiciones de vida de los usuarios, y tantas otras expectativas, no logró cumplir una sola de sus promesas y en cambio, los residentes de centenares de barrios del área metropolitana, en lugar de ganar un sistema moderno de transporte, se quedaron sin servicio y así fueron lanzados a las redes de la piratería que se expande y engorda cada día más, gracias al derrumbe del Sitm.

“Tanto va el cántaro al agua, hasta que al fin se rompe”, es el refrán que mejor representa la situación de constante deterioro que vivimos durante los 14 años de existencia de Metrolínea y que fue señalada por Vanguardia en decenas de investigaciones, informes, análisis, denuncias, en las que fuimos señalando de qué manera, por falta de las acciones acertadas y oportunas, se caminaba, cada vez de forma más inexorable, hacia el desastre. Pero pasaron alcaldes y gerentes, uno tras otro, sin que ninguno hiciera lo que se requería para resolver un problema que crecía a la sombra de la negligencia y la indolencia oficial.

Hoy ya no nos queda más que esperar que el golpe de gracia al Sitm, no signifique la entrega total a la ilegalidad, que hace rato domina el mercado del transporte público. El momento crucial que vivimos demanda en el término inmediato el suficiente compromiso para no perjudicar a los usuarios y en el mediano y largo plazo tomar las decisiones y acometer las acciones necesarias para implementar, hasta donde aún sea posible, un modelo de transporte masivo que cumpla con las necesidades de todos los usuarios, que los respete con un servicio digno y que elimine de una vez por todas la anarquía y la ilegalidad que son hoy las dos peores consecuencias que dejó la fallida operación de Metrolínea.

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