miércoles 12 de mayo de 2021 - 12:00 AM

La muerte de Lucas Villa nos muestra la urgencia de avanzar en el diálogo nacional

Lucas Villa se ha convertido en el símbolo de todo lo que está ocurriendo y el resultado doloroso y obviamente indeseable, de una confrontación en la que las partes deberían propiciar la calma y un espacio productivo de diálogo...
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El ataque contra Lucas Villa Velásquez, el hombre que el pasado cinco de mayo recibió ocho disparos, mientras participaba de una marcha pacífica en Pereira se ha convertido en un hecho que indigna a todo el país y que muestra cómo la violencia solo terminará dejando víctimas inocentes, en este conflicto que afrontamos como país, como consecuencia del llamado para nacional. Sobre el viaducto César Gaviria Trujillo se produjo el atentado mortal que en esa ciudad adjudican a un acto premeditado y por el que el propio Gobierno Nacional estableció una recompensa de hasta 100 millones de pesos, en su intento por identificar a los responsables del acto criminal.

De esta manera, Lucas Villa se suma a la lista de 41 víctimas fatales que, según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, se han producido como resultado de las protestas que comenzaron el 28 de abril pasado, una cifra que ha preocupado al mundo entero que permanentemente, desde los más importantes medios de comunicación, reportan las protestas para señalar la manera como ha venido profundizándose la división entre los colombianos y aumentando la violencia frente al paro nacional. Lucas Villa se ha convertido en el símbolo de todo lo que está ocurriendo y el resultado doloroso y obviamente indeseable, de una confrontación en la que las partes deberían propiciar la calma y un espacio productivo de diálogo.

El primer intento de conversación entre el presidente Duque y el Comité Nacional de Paro dejó preocupaciones y ninguna certeza sobre cómo va a continuar. Algunos asistentes describieron un diálogo de sordos en el que cada parte expuso sus intereses y preocupaciones sin que ninguna se diera por enterada de lo que dijo el otro. El tiempo con el que se cuenta es escaso, las ciudades acumulan días de bloqueos y signos claros de desabastecimiento de alimentos y combustibles, mientras es cada vez más difícil mantener en calma los recorridos de las marchas en el territorio nacional.

Es imprescindible que Gobierno y dirigentes del paro avancen en la solución a los problemas que se han planteado, pero dentro de un término razonable que desahogue el ambiente de tensión y siente las bases de acciones concretas en respuesta a los reclamos que se han expresado y que, más allá de una simple coyuntura, apuntan a la corrección de problemas estructurales e inequidades históricas. El país no puede seguir en este círculo de violencia y destrucción.

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