martes 09 de marzo de 2010 - 10:00 AM

La no reelección de congresistas

Durante esta campaña electoral, son pocas las propuestas nuevas y las ideas valiosas que han planteado tanto los candidatos al Congreso como quienes aspiran a la presidencia de la Republica.

Sin embargo, hay una que merece ser discutida, porque bien podría ser el punto de partida para limpiar un poco, dada la inoperancia casi total de la justicia, la manera en que se asciende a la rama legislativa.

Se trata de la proposición de Enrique Peñaloza, quien definitivamente puso el dedo en la herida al lanzar la idea de prohibir la reelección de parlamentarios más allá de dos periodos consecutivos. El ex alcalde de Bogotá y precandidato presidencial por el Partido Verde,  sin lugar a dudas da un paso en la dirección correcta, ya que de implantarse la medida, se le levantaría un obstáculo al funcionamiento de las microempresas electorales. De paso, se le dificultaría el accionar al clientelismo y se le amargaría la vida al tráfico de influencias.

Y sí, sería ingenuo pensar que la medida en por sí sola sería suficiente para acabar ese mercado persa de corrupción, ese mundo de desenfreno y esa competencia de desvergüenzas e irregularidades en el que se convirtió el sistema electoral colombiano.

Sistema en el que lamentablemente resultan ganadores no solo quienes más recursos manejen, por lo general provenientes del Estado mismo o de grupos delincuenciales, sino quienes tengan menos escrúpulos para apelar a la trampa y recurrir al fraude con tal de salir elegidos.

Sin embargo, como se expresó párrafos arriba, por lo menos les alzarían algunos obstáculos que bien podrían combinarse con otras medidas para tratar de salir de ese círculo vicioso de podredumbre que determina quiénes ocuparán una curul en el Capitolio.

Los delitos de sangre no pueden castigarse, afirman quienes están de acuerdo en que los familiares de parlamentarios en problemas con la justicia se lancen al Congreso para reemplazar en el puesto pero sobre todo en las dádivas a quienes por razones legales no pueden aspirar a reelegirse. No obstante, ese testaferrato de esposas, hermanos, primos y hasta amigos cercanos tiene que acabarse, así suene a arbitrariedad, si realmente se quiere algún día garantizar no solo que los caciques electorales no se enquisten más  en el Capitolio, sino que a ese recinto lleguen realmente los más honestos y preparados.

 

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