viernes 13 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

La página siguiente a la caída del muro de Berlín

Se acaban de celebrar los 20 años del derrumbamiento del muro de Berlín, episodio protagonizado por cientos de miles de alemanes anónimos que ese 9 de noviembre de 1989 demostraron, una vez más en la historia, que todo intento de edificar barreras para limitarle al hombre sus movimientos y expresiones, repugna, es efímero y más pronto que tarde es arrasado por la fuerza de los hechos.  

En la prensa hubo lluvia de comentarios sobre lo que pasó en Berlín en tal fecha, sobre las vivencias de alemanes del común por esos días, de cómo el muro fue la expresión más visible de unos años de tensión en un mundo bipolar que se conoce con la denominación de 'Guerra Fría', táctica y estrategia de confrontación que se desmoronó al caer tal mole de hormigón.

Pero en medio del alborozo, poco o nada se ha evaluado de lo que trató de construirse –con premura- una vez el mundo geopolítico dejó de ser bipolar.

Hoy sabemos que se intentaron edificar valores que no han tenido la trascendencia que sus gestores imaginaron, porque pretendieron imponer  un mundo que hablaba el mismo idioma (como si fuera un bloque sólido basado en el desarrollo de la tecnología y la información), cuando la verdad es que el globo es una interminable secuencia de opuestos en materias tales como religión, política, arte, moral y costumbres que perviven por encima de toda imposición, porque la cultura es vieja y decirle al hombre que olvide lo que ha sido es inútil ya que el pasado no anula su influencia y las expresiones culturales no brotan del suelo como la hierba sino que son obra del tiempo y la paciente labor de innumerables manos y cabezas.

Por eso la propuesta de Fukuyama de que había llegado el fin de la historia, fue solo una pretensión. También lo ha sido el forzar al mundo a organizarse de acuerdo a las conveniencias de un capitalismo sin límites. La caída del bloque soviético no parió un planeta más pacífico y la propuesta de que una superpotencia con gran poder podía guiar al mundo fue una vana pretensión, ya que el globo es dispar y las costumbres y tradiciones de cada región, los hábitos e instituciones, los prejuicios de clase, de credos, las actitudes, usos, los valores étnicos y religiosos, han sido parteros de gran cantidad de conflictos y el capitalismo, además, gestó una contundente crisis financiera que no ha podido aún ser frenada a cabalidad por la comunidad internacional.

Por eso han comenzado a salir otras naciones como poderes mundiales y de la crisis económica está saliendo fortalecida la idea de que el mundo necesita  más de un actor y protagonista de primer orden para enfrentar la solución de los problemas globales. Es decir, no está a la vuelta de la esquina aquello de la aldea global.

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