miércoles 10 de julio de 2019 - 12:00 AM

La paz más allá de Santrich

Lo más grave es que gracias al mal manejo, ‘Santrich’ se convirtió en una especie de “florero de Llorente” del proceso de paz, opacando todos los avances en el proceso de desarme de las Farc.

Como era de esperarse, ayer Seuxis Pausias Hernández, alias ‘Jesús Santrich’, no acudió a la cita que tenía ante la Corte Suprema de Justicia para ser indagado por sus presunta participación en delitos vinculados al narcotráfico. Sus abogados afirman desconocer su paradero, desde que el pasado 29 de junio ‘Santrich’ abandonó su esquema de seguridad y desapareció del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación en Tierragrata (Cesar).

Al finalizar la tarde de ayer, la Corte Suprema expidió orden de captura contra ‘Santrich’, lo cual significa que el exlíder guerrillero pasó de ser un congresista, en desarrollo de los acuerdos de paz, a un “prófugo de la justicia”.

Es inconcebible que el caso Santrich haya llegado a estos límites, por culpa del mal manejo institucional dado a las denuncias en su contra. Desde que se conocieron los señalamientos de su presunta participación en delitos de narcotráfico, todo el andamiaje institucional actuó de manera torpe, desde la Fiscalía en cabeza de Néstor Humberto, hasta la Justicia Especial para la Paz, todo en un “tire y afloje” por demostrar quién tenía mayor poder institucional; de forma tal que al final un requerido en extradición por los Estados Unidos terminó posesionándose como “congresista” y huyendo a la clandestinidad, junto a los exguerrilleros de las Farc ‘Iván Márquez’, ‘Romaña’ y ‘El Paisa’. Lo más grave de este asunto es que gracias a este mal manejo, ‘Santrich’ se convirtió en una especie de “florero de Llorente” del proceso de paz, opacando todos los avances que se han hecho en el marco del proceso de desarme de las Farc. Hoy existen congresistas exmiembros de las Farc que han hecho su transición a la vida civil dentro del marco de los acuerdos, y que hoy están cumpliendo su papel en el Congreso, y otros cientos de excombatientes que han dado el paso de transitar a la vida civil. Este asunto distrajo la atención nacional de los verdaderos avances del proceso de paz.

Hoy hay un gran riesgo de rearme de antiguos excombatientes de la guerrilla de las Farc. La noticias de que estos líderes puedan estar rearmándose en Venezuela es preocupante, pues las disidencias pueden atomizarse en varios grupos que acrecienten aún más el problema de violencia. Es necesario que se siga adelante en el desarrollo de los acuerdos de paz y que se continúe con los proceso de reinserción y de justicia transicional. Así mismo es que urgente que la JEP, como se ha dicho innumerables veces en este espacio, opere y el país conozca la historia de verdad, justicia y reparación de este proceso. Por eso son inmensamente preocupantes las noticias de que el Gobierno redujo en un 30% el presupuesto de la JEP para el próximo año, pues no se entiende cómo con menos recursos se sacarán adelante los procesos en contra de los excombatientes de las Farc.

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