martes 11 de agosto de 2020 - 12:00 AM

La pobreza de la política exterior colombiana

Los hechos demuestran que administración tras administración llegan a cargos de representación en el exterior “diplomáticos a la carrera”, no diplomáticos de carrera, razón por la cual en el ámbito internacional no hemos logrado, como país, desempeñar un mejor papel...
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Cuando se expidió la Constitución de 1991, se incluyeron en ella importantes lineamientos que buscan mejorar el servicio exterior colombiano, para que el país pueda enfrentar airosamente los desafíos que trae el siglo XXI (centuria que ya ha entrado en su tercera década) y, sobre ellos, nuestro servicio exterior logre mayor eficacia y tenga una mejor visión para trazar adecuadas políticas.

Los análisis que han hecho los estudiosos de estos temas permiten establecer que la política exterior colombiana, antes y después de la expedición de la Constitución vigente y más aún, desde los inicios de la vida republicana, es decir, durante los últimos dos siglos, ha carecido de claros lineamientos, que más que una política de Estado se ha basado en coyunturas presidencialistas, que le ha faltado la deseada coherencia a lo largo del tiempo, pertinencia y abundan los pasajes en que aflora de parte de quienes han desempeñado papel protagónico en nuestra política exterior que tienen un conocimiento insuficiente de los temas internacionales, no tienen la necesaria agudeza para vincular en mejor forma los temas globales con los intereses nacionales.

Revisar nuestra política exterior, hacer un breve recuento de su historia a lo largo de los siglos XIX, XX y lo que va corrido del XXI, pone de presente que son muchas las oportunidades en que ella se ha trazado metas cortoplacistas, coyunturales, más de una vez basadas en la influencia de factores externos y de los intereses de terceras naciones, que en posiciones de autonomía, autodeterminación e independencia de nuestro Estado Nación.

En Colombia, gobierno tras gobierno, se anuncian avances en el entorno de nuestra política exterior, pero los hechos demuestran que administración tras administración llegan a cargos de representación en el exterior “diplomáticos a la carrera”, no diplomáticos de carrera, razón por la cual en el ámbito internacional no hemos logrado, como país, desempeñar un mejor papel, pues con más frecuencia de la que fuera de desear, ha habido falta de conocimiento, poca experiencia y capacidad para ejercer las funciones para las que fueron designados y por ello no han sabido leer el mundo desde varias perspectivas con las consecuencias y secuelas que ello provoca.

En este importante campo de la vida del orbe se deben revisar muchas cosas, trazar una lúcida política exterior.

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