lunes 20 de enero de 2020 - 12:00 AM

La posesión de las JAL debe fortalecer la democracia participativa

Los representantes de la comunidad que en realidad lo son y no buscan ventajas injustas desde su representación, encuentran hoy, por un lado, el obstáculo de la falta de credibilidad en su tarea.
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Por estos días en el país están tomando posesión los miembros de las 20 Juntas Administradoras Locales, que representan a las comunas y corregimientos de las ciudades. El hecho suele pasar desapercibido por el grueso de la opinión y poco impacta las generalmente susceptibles redes sociales, aunque estemos refiriéndonos a miles de líderes sociales y comunales que se ubican en la base de la democracia participativa que fue componente de gran importancia en los debates de la Constitución de 1991 y que dejó establecida la participación ciudadana como expresión del espíritu que inspiró a los constituyentes.

No es, entonces, de poca monta la labor que cumplen o deben cumplir los ediles, aunque hay que reconocer como una verdad históricamente probada que ni la ciudadanía, ni las autoridades administrativas, ni los líderes mismos han mantenido el trabajo de las JAL en el nivel de importancia que estas juntas tienen. El espíritu constitucional de insertar a los representantes de la comunidad en las instancias de decisión para hacer directa la relación entre los vecinos y los gobernantes, se ha diluido y en muchos municipios del país incluso se ha pervertido al despojar al líder de su origen comunitario para comprometerlo en la dinámica del clientelismo y la corrupción, mediante el trueque de favores por votos, sumando así a estos auténticos y directos representantes del ciudadano, en simples piezas del engranaje de la crecida corrupción administrativa en Colombia.

Por esta razón, entre otras, los representantes de la comunidad que en realidad lo son y no buscan ventajas injustas desde su representación, encuentran hoy, por un lado, el obstáculo de la falta de credibilidad en su tarea y, por otro, el de enfrentar los permanentes intentos de políticos venales por coartar o cooptar su liderazgo.

La participación ciudadana, que tiene clara expresión en la existencia de estas Juntas Administradoras Locales, debe impulsarse mediante la depuración de estos cuadros comunitarios y la acción de gobiernos transparentes que no solo respeten a los ‘comuneros’, sino que atiendan como es debido las reclamaciones, propuestas, programas, proyectos que surjan de los barrios para lo que estos líderes son los voceros legítimos. El alcalde es el más cercano representante del Estado para los ciudadanos y los miembros de las JAL son la cara de las comunidades organizadas, en esa misma medida el gobernante debe servir a las JAL y los vecinos deben exigir a sus voceros trabajo, seriedad y, sobre todo, honestidad.

editorial
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