martes 21 de enero de 2020 - 12:00 AM

La prensa bajo amenaza

Es hora pasada ya de que el país saque a la prensa del ciclo de violencia que vivimos, que a veces parece interminable, y antes que pretender constreñirla mediante la amenaza y la muerte, se le respete y se le proteja como corresponde y como conviene a la salud de la democracia.
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Según datos de la Fundación para la Libertad de Prensa, ONG con 23 años de existencia en el país, en 2018 en Colombia se registraron amenazas contra 220 periodistas y el año pasado contra 190, números descomunales si partimos de la base de que la cifra debería ser cero, en una sociedad respetuosa de la prensa y un Estado capaz de garantizar el ejercicio de esta libertad.

De acuerdo con la la FLIP, su resultado de 2019 cubre hasta el último día del año, luego estarían comprendidos allí los periodistas de la revista Semana que en los últimos meses sufrieron uno de los hostigamientos más prolongados e inclementes de que se tenga noticia en la historia colombiana, presuntamente por parte de miembros del Ejército Nacional que intentaban, mediante amedrentamiento, evitar la publicación de denuncias que finalmente han llegado a manos de los lectores de este medio. El relato pormenorizado de estas amenazas lo publicó el pasado domingo El Espectador, un diario que, como Vanguardia y muchos otros, ha sufrido por la sinrazón de quienes creen que irse arma en mano contra los periodistas les garantiza silenciar verdades para ellos impublicables. Censura gubernamental como la ocurrida en tiempos de la dictadura de Rojas Pinilla, bombas, asesinatos selectivos, además de constantes amenazas hemos sufrido los medios colombianos, provenientes de múltiples fuentes: la guerrilla, los paramilitares, la delincuencia común, el narcotráfico, e incluso, como se ha probado en casos como este de Semana, miembros de la Fuerza Pública, además de políticos y funcionarios que intentan, mediante la intimidación y el asesinato, proteger redes de corrupción y garantizar su impunidad. El mundo tiene clara la importancia de la libertad de prensa en una democracia. Es más, en muchos casos, cuando en una sociedad los poderes se degradan ostensiblemente en un tiempo determinado de su historia, son garantías como la libertad de prensa uno de los bastiones en los que puede apoyarse la ciudadanía para restaurar un Estado malogrado. Pero, así mismo, los sistemas políticos afianzados encuentran en el ejercicio libre del periodismo los caminos por los que puede orientar el accionar del Estado y la sociedad. Es hora pasada ya de que el país saque a la prensa del ciclo de violencia que vivimos, que a veces parece interminable, y antes que pretender constreñirla mediante la amenaza y la muerte, se le respete y se le proteja como corresponde y como conviene a la salud de la democracia.

Nuestra solidaridad con los colegas de Semana y el llamado al Gobierno para que se garantice su protección y se llegue al fondo de estos hechos.

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