martes 20 de abril de 2021 - 12:00 AM

La protesta social tiene derechos y deberes

La anacrónica protesta del ‘plan tortuga’ busca precisamente interrumpir veladamente derechos ciudadanos como el de la libre movilidad. Ese esquema de agredir a la mayoría es una forma de protesta que debería haberse replanteado...
Escuchar este artículo

Hoy conductores de buses convencionales y taxis de Bucaramanga tienen planeada una protesta para reclamar lo que por años vienen reclamando: que las autoridades protejan su derecho como transportadores legales, ya que el crecimiento constante de la piratería y la operación sin control alguno de las plataformas que ilegalmente ofrecen servicios irregulares de transporte público los tienen al borde de la quiebra.

Todos vemos el permanente asedio de las estaciones piratas de motos ofreciendo ilegalmente el servicio de transporte a los peatones. Lo mismo sucede con quienes optan por el sistema de las aplicaciones, a sabiendas de que no están autorizadas, pero prefieren sus tarifas rebajadas y sus permanentes ofertas. En síntesis, tenemos un mercado anárquico en el que la falta de control ha dado la ventaja a quienes operan ilegalmente, frente a los que se someten a las normas existentes. En qué parte de esta disfuncional fórmula está la razón, no se discute, así como tampoco se discute el ejercicio del derecho a la protesta, que en Colombia tiene incluso rango constitucional. Como derecho fundamental, entonces, debe ser defendido y garantizado por las autoridades. Pero el derecho a la protesta social, o gremial en este caso, no puede atentar contra los derechos del grueso de la población y por eso esperamos que las protestas de hoy se hagan con el respeto absoluto por los derechos de los demás ciudadanos. Llamar al caos, al bloqueo a al daño de los bienes públicos deslegitimará sin duda cualquier reclamo válido y trasladará los hechos al campo ya no de la protesta, sino del vandalismo.

La acostumbrada y podríamos decir que anacrónica protesta del ‘plan tortuga’ de los transportadores, busca precisamente interrumpir veladamente derechos ciudadanos como el de la libre movilidad, con la idea de hacerse sentir de esta manera. Ese esquema de agredir a la mayoría para buscar su solidaridad con los reclamos de algún sector, es una forma de protesta que, dentro del marco legal y constitucional que nos dio la Carta del 91, debería haberse replanteado ya. Es hora de que los transportadores busquen actualizarse en este campo y no deslegitimar su propia protesta, con la paralización o saturación de las vías. Hay decenas de formas modernas para hacerse oír, para buscar la solidaridad de los demás, para canalizar ideas y propuestas, medios que, seguramente, por no agredir a nadie, más fácilmente encontrarán eco en los demás.

Esperemos que las autoridades puedan garantizar el derecho a la protesta de los transportadores y ellos, a su vez, deben asegurar que no atentarán contra ninguno de los derechos ciudadanos.

editorial
Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.
Publicado por

Etiquetas

Lea también
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad