sábado 27 de junio de 2009 - 10:00 AM

La reforma financiera

Hace 3 años, el 20 de julio de 2006, al instalar las sesiones del Congreso de la República, el Presidente Uribe expresó en su discurso que la reforma financiera era un tema fundamental en la agenda de su gobierno. Y hace una semana, al terminar la legislatura 2008 – 2009, ella fue aprobada, pasando a sanción presidencial. Así, Colombia está ad portas de tener una nueva legislación en tal materia.

Su trámite en el Congreso generó discrepancias, debates, propuestas, contrapropuestas, análisis, expresiones de conformidad y aprobación, señales de rechazo y crítica a su continente y contenido y a su incidencia en la estructura del sistema financiero colombiano. Su objetivo, según quienes defienden el libre mercado, debe ser modernizar el marco empresarial, eliminar barreras, impulsar las inversiones en infraestructura y la bancarización.

El sector financiero buscó que ella creara el marco apto para la liberalización de las operaciones, mayor libertad y alcance en las actividades bancarias cotidianas, superar los bajos niveles de profundización financiera y de bancarización que hay.

La liberalización o, por el contrario, el control del sector financiero, han sido eje del debate en el mundo durante años. E.U. hizo una reforma a su legislación en tal campo en 1999 y hace cerca de 1 mes el Presidente Obama sancionó otra, anunciando que era la más profunda desde 1930 y que ponía controles a la liberalización de la  actividad bancaria.

En América Latina, a finales de los años 80 y comienzos de los 90 del siglo XX, se adoptaron la mayoría de las reformas al sector financiero.

En Colombia desde principios de los años 80 del siglo XX el sector financiero impulsó la expedición de normas que permitieran la  liberalización del sistema, la menor intervención del Estado en la determinación de los precios financieros, la reforma del estatuto cambiario, la apertura a la inversión extranjera, la eliminación de barreras de entrada a los mercados financieros, el freno a la represión financiera del Estado, la protección de los derechos de los acreedores, entre otras materias.

El contenido de la reforma es prolijo pues es un estatuto complejo y extenso. Ella autoriza la creación de los multifondos (que serán motivo de muchos debates), modifica la estructura del sistema financiero, el Estatuto Orgánico del Sistema Financiero (EOSF), ordena que las compañías de financiamiento comercial borren esta última palabra de sus nombres, que las casas de cambio se llamen en adelante 'sociedades de intermediación', amplía el catálogo operativo y el portafolio de servicios de los establecimientos bancarios, les autoriza hacer operaciones de leasing y manejar cuentas de ahorro programado obligatorio, innovaciones que aún es prematuro afirmar si mejoran o no la inversión, si bajan los riesgos de la intermediación, los costos de la intermediación, si elevan o no la cantidad y calidad del financiamiento, si ponen o no freno a los excesos en el cobro de los servicios bancarios.

Así, solo dentro de algunos años se sabrá si fue o no trascendente, cuantas luces y cuantas sombras contiene. 

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