viernes 29 de mayo de 2009 - 10:00 AM

La Reforma Política: ni mejora, ni permite avanzar

Una acepción de la voz reformar, es volver a formar, rehacer; otra es modificar algo con la intención de mejorarlo.

El proyecto de Ley que hace trámite en el Congreso, al que sus impulsores y publicistas llaman Reforma Política, se ha presentado ante el país como un conjunto de normas que mejoran la vida y actividad de los partidos y organizaciones políticas. En la defensa de su texto, se han resaltado sus posibles bondades y cómo es un paso adelante en la ruta de eliminar de la política vicios, corregir comportamientos incorrectos y acabar los malos hábitos de quienes desarrollan actividades proselitistas.

Pero, ¿realmente cumpliría con esos objetivos? El país sabe que no, que ese es el mascarón de proa y que fue necesario que se pronunciaran los formadores de opinión y analistas para resaltar que en su texto, continente y contenido había muchos aspectos que eran un retroceso en las materias que regula. Además, que contenía disposiciones alcahuetas de buen número de aquellas sinvergüencerías que llenan de olor nauseabundo el mundo de la política.

Como consecuencia de las alarmas encendidas por quienes no 'tragaron entero' el discurso de que su texto era bondadoso, puede llegar a frenarse  el erigir en norma un conjunto de conductas que respiraban vicios por todos sus costados.

¿Qué pone en evidencia el vergonzoso texto que propuso el ministro del Interior y que casi con alborozo impulsaron los miembros de la bancada gubernamental en el Congreso? Que a quienes usufructúan en el país el poder no les interesa modificar las cosas en materia política si tales cambios provocan la pérdida de sus gabelas.

Ese es el problema de fondo. La política en nuestro país seguirá siendo lo que ha sido, aquello que permitió episodios tan vergonzosos como los que se ventilaron en el Proceso 8000 y tan bochornosos como el que cerca de una tercera parte de los parlamentarios actuales sean hoy sindicados de la comisión de sucios delitos comunes y quienes los han reemplazado en las curules han demostrado que tienen un comportamiento igual o aún más oscuro.

Eso, desafortunadamente, no cambiará con la aprobación de la Reforma Política que propuso al Congreso el Gobierno Nacional. En tal sentido las cosas seguirán cada vez peor, ya que hay una gran descomposición entre quienes proponen sus nombres en las justas electorales para integrar corporaciones públicas.

Y lo más amargo es que el gobierno no está interesado en que se dicten leyes duras que corrijan los vicios de la actividad política. Así, el texto de la Reforma Política no invita a ser recibido con alborozo, sino que los sectores sanos del país deben mostrar su rechazo a lo que tal cuerpo de normas encarna.    

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