lunes 01 de mayo de 2017 - 12:01 AM

La sustentabilidad del río Magdalena

Tratar de controlar el cauce activo de un sistema fluvial puede provocar graves daños en el tiempo y en el espacio en su composición, dinámica, estructura y movilidad.

El río Magdalena tiene más de 1.500 kilómetros de longitud, pasa por 12 departamentos, tiene influencia en 6 más, 115 municipios tienen sus cabeceras en su lecho mayor e influye, además, en 726 de ellos. Su cauce activo presenta, desde su nacimiento hasta su desembocadura, diversidad de formas desde que es un riachuelo hasta cuando tiene 2.700 metros de anchura en tierras altas y 1.800 metros en tierras bajas y algo que es fundamental, que va más allá de los intereses económicos de cada sector productivo y del de los pobladores de su ribera: su comportamiento natural como río que es.

Durante los últimos 500 años al río no se le ha respetado su comportamiento natural y lo que en él se ha hecho tiene como eje la explotación económica de su lecho.

Por eso genera inquietud entre científicos el proyecto de recuperación de la navegabilidad del río, cuya finalidad no es hacerlo navegable sino aumentar la capacidad de carga por su lecho para usar intensivamente su cauce y esa es la razón de las obras que en él se hacen. Según los expertos, ellas modificarán la movilidad natural del cauce activo, los procesos dinámicos y bióticos tanto en su lecho mayor, como en las llanuras de inundación y en las ciénagas.

¿Por qué toman tal posición sobre las obras planeadas para transformar su canal navegable en cientos de kilómetros?

Porque tratar de controlar el cauce activo de un sistema fluvial puede provocar graves daños en el tiempo y en el espacio en su composición, dinámica, estructura y movilidad. El proyecto se centra en su cauce activo y este es solo un componente de su sistema natural en el que, además, tienen gran incidencia otros componentes: el dique aluvial, la llanura de inundación, las ciénagas, el delta. Además, el cauce activo del río tiene diversidad de formas, trechos en que es rectilíneo, otros en que tiene varios cauces o brazos de distintas formas que necesitan movilidad para mantener su equilibrio. Todo ello es fundamental para amortiguar las aguas en época de lluvias intensas y cuando se presentan fenómenos extremos como La Niña.

El asunto no tiene, pues, solo interés económico; se deben evaluar todos sus impactos, medidas de restauración y conservación y tomar medidas claras, eficaces, para no afectarlo hondamente.

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