viernes 07 de mayo de 2021 - 12:00 AM

La verdad da otro paso importante en el país

es un paso adelante que estos exdirigentes guerrilleros hayan reconocido su responsabilidad en este execrable delito y otros de entidad similar, para que la verdad y la reparación, como lo esperamos, puedan avanzar hasta darle al país, especialmente a decenas de miles de víctimas y sus seres queridos, el aliciente de la justicia
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La Sala de Reconocimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) les imputó cargos por crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra a Rodrigo Londoño Echeverry, Pablo Catatumbo Victoria, Pastor Lisandro Alape Lascarro, Milton de Jesús Toncel, Juan Ermilo Cabrera, Jaime Alberto Parra, Julián Gallo Cubillos y Rodrigo Granda Escobar, miembros del Secretariado de las extintas Farc-EP, en un hecho sencillamente trascendental dentro del proceso de consolidación de los Acuerdos de Paz, que pasó a un segundo plano debido a la tensa situación que vive el país.

Avanza así uno de los procesos sobre los que más interés ha mostrado la opinión nacional en el marco de la labor que cumple la JEP y es el que tiene que ver con el secuestro, una tragedia en extremo dolorosa para todos los colombianos, que llevó a una de las mayores degradaciones de la exguerrilla de las Farc. Fue tal la orgía de sangre y codicia que desató en la dirigencia y las filas de las Farc la criminal y despiadada ‘industria del secuestro’, como se le llamó en algún momento a esta práctica infame, que la JEP logró establecer en 21.396 el número de estos crímenes que se pueden adjudicar hoy a esa organización, cuando estaba en armas.

En la sinrazón del secuestro esas más de 20 mil personas sufrieron no solo la injusta pérdida de su libertad, sino también la tortura, la permanente amenaza contra su vida, en el 8,7% de estos casos, la desaparición, y en el 2,9% el asesinato con entrega del cuerpo a sus familiares, según lo establecieron con toda certeza los investigadores de la Jurisdicción Especial para la Paz. Pero, además de todo esto, durante los años en que el secuestro se convirtió en un hecho diario y un crimen impune, el país se radicalizó, la guerra se hizo más cruenta y la nación, como gran perdedora en todo esto, se sintió acorralada y desesperanzada.

Pero, más allá de tanto duelo, es un paso adelante que estos exdirigentes guerrilleros hayan reconocido su responsabilidad en este execrable delito y otros de entidad similar, para que la verdad y la reparación, como lo esperamos, puedan avanzar hasta darle al país, especialmente a decenas de miles de víctimas y sus seres queridos, el aliciente de la justicia para poder consolarse en medio del dolor y continuar su vida con una carga menos pesada en el corazón.

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