lunes 22 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

La vida de los alféreces del área metropolitana está en peligro

no es simplemente por la falta de educación de los conductores, sino también por factores mucho más concretos y problemáticos, si se quiere, como lo es el transporte ilegal que, desde hace muchos años ha desafiado todo tipo de autoridad
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Hace menos de un mes un alférez de tránsito fue brutalmente agredido por dos hombres, señalados como transportadores piratas, quienes reaccionaron de esta manera ante el intento del funcionario de hacerles cumplir las normas. El agente terminó con heridas de tal contundencia que tuvo que ser internado en un centro hospitalario y, según el relato de los testigos, la intervención de la comunidad evitó que el castigo pudiera ser mortal.

Pero, si bien este puede ser el hecho más violento, las golpizas contra los alféreces este año ya suman dos decenas y los enfrentamientos verbales y amenazas de los ciudadanos contra ellos superan el centenar, un récord que preocupa, obviamente, porque la integridad y la vida de estos servidores no puede estar en juego mientras cumplen con su deber, pero también porque si hemos llegado a este repudiable extremo de irrespeto a la autoridad de tránsito, no es simplemente por la falta de educación de los conductores, sino también por factores mucho más concretos y problemáticos, si se quiere, como lo es el transporte ilegal que, desde hace muchos años ha desafiado todo tipo de autoridad que se ha intentado imponerles.

Pero, además de los gigantescos intereses económicos que se juegan con el negocio de la piratería en el transporte, estimulado permanentemente por la cada vez más insuficiente oferta de transporte legal, está un acumulado histórico de desprestigio de la función de los agentes de tránsito que les hizo perder, en gran proporción, el respeto de los conductores; el registro de varias formas de corrupción en los trámites y oficinas de la Dirección de Tránsito llevó así mismo la imagen de esta institución a los peores registros, de tal modo que llegar al punto de violencia física en el que estamos hoy, era solo una cuestión de tiempo.

El momento que vivimos hace presagiar una desgracia mayor, que ojalá no se presente nunca. Lo cierto es que la crisis del tránsito en la ciudad y el área está muy cerca de llegar a su punto más bajo, mientras no se advierte que se ponga en marcha el esfuerzo real de los gobiernos de los municipios conurbados para unificar criterios, diseñar políticas de largo plazo, hacer las inversiones necesarias de todo orden, preparar y capacitar debida y permanentemente a los alféreces, además de diseñar y sostener una estrategia educativa, desde el colegio, que nos garantice, así sea en varios años, que llegaremos al verdadero final de la grave situación que vive el tránsito metropolitano.

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