jueves 14 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Las autoridades deben responder por las muertes en las vías de Santander

Somos el ejemplo de lo que no debe ser, de lo que se hace mal o de lo que no se hace para proteger la integridad y la vida de conductores y peatones.
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Ya no solamente en Bucaramanga se vive el caos en las vías, pues el departamento entero registra en los ocho primeros meses de este año un incremento de víctimas en ciudades y carreteras intermunicipales que pueden reseñarse como una verdadera tragedia, pues 270 muertes en 240 días implica, sin duda, una notificación para las autoridades que deben manifestarse no solo protocolariamente a un fracaso de esta magnitud en el cumplimiento de su deber, pues este magro resultado debe tener claros responsables en varias entidades del Estado.

Nos hemos acostumbrado tanto a la accidentalidad, que pensamos que eso forma parte natural del hecho de circular y creemos que son exclusivamente los conductores o peatones los que deben afrontar las consecuencias de los percances de tránsito, cuando esto no es tan exacto, pues también es cierto que hay entidades y autoridades que tienen como función única o principal la de regular las condiciones de circulación en las vías para evitar o reducir al máximo la accidentalidad.

A las administraciones les corresponde ver que las entidades de tránsito cuenten con los recursos y herramientas para cumplir adecuadamente con su labor; a los entes de tránsito se les exige su presencia y trabajo de campo para velar por la mayor disciplina posible de parte de los usuarios de las vías y estos deben, por su propio sentido de responsabilidad, observar la mejor conducta posible en la conducción de sus vehículos.

Pero, también el Estado, tanto en las ciudades como en las vías intermunicipales, cuando menos, está obligado a mantenerlas en las mejores condiciones físicas y técnicas para garantizar un tránsito seguro. Pero muy poco de esto se cumple y Bucaramanga y Santander son un triste ejemplo de ello: 270 personas, como ya lo dijimos, perdieron la vida en nuestras vías, lo que representa un aumento del 87% respecto de 2020, el tercero entre los peores del país. Somos el ejemplo de lo que no debe ser, de lo que se hace mal o de lo que no se hace para proteger la integridad y la vida de conductores y peatones. Estamos tan mal en este campo, que Santander superó por más de 38 puntos porcentuales la media nacional en accidentes fatales. Es hora de que las entidades relacionadas con este dramático problema se hagan responsables del mismo y actúen con la prontitud, energía y determinación que la situación lo amerita.

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