lunes 18 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Las Cajas de Compensación Familiar

A las Cajas de Compensación Familiar se les debe vigilar, controlar celosamente el destino de sus recursos, evitar que los desvíen, impedir que sean presas de la corrupción
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Ellas surgieron en Colombia en 1954 cuando un grupo de empresarios antioqueños, preocupados por el costo de la canasta familiar y el deterioro del ingreso de muchas familias, decidió compensar a sus trabajadores otorgándoles un subsidio monetario por hijo. Luego, la Andi propuso la creación de las Cajas de Compensación Familiar para administrar tal subsidio.

De ese momento a hoy, la historia de las Cajas de Compensación ha sido movida. Han contribuido al mejoramiento de la calidad de vida de amplias capas de nuestra sociedad, pero a lo largo de los años el Gobierno ha buscado utilizar sus recursos monetarios para varios fines, como lo han puesto en evidencia las diversas reformas tributarias de los últimos años, que han afectado significativamente sus ingresos.

Actualmente hay 10 proyectos de ley y dos leyes recientemente adoptadas, que alteran la destinación de los recursos de las Cajas de Compensación. Así, por ejemplo, hay un proyecto de ley que pretende que con dichos recursos se atiendan desastres naturales.

Las Cajas de Compensación han incidido favorablemente en el bienestar de las capas medias y bajas de nuestra población, tanto en lo referente a cuotas monetarias para sus afiliados, como con sus programas de salud, educación, en materia cultural, de recreación, vivienda, jardines infantiles, bibliotecas, turismo, etc., todo lo cual se resume en una expresión: han sido básicas en lo que se refiere a luchar por la inclusión social.

El cambio que reiterativamente se busca dar a recursos por ellas manejados las desestabiliza, pierden certeza jurídica, sufren traumatismos económicos e indirectamente se castiga a amplias capas de nuestra población que reciben de ellas atención y beneficios, favoreciendo a más de 21 millones de colombianos.

El éxito de las Cajas ha hecho que el Gobierno, a lo largo de los años, les haya impuesto nuevas y diversas obligaciones y algunas de tales cargas las han afectado sustancialmente.

A las Cajas de Compensación Familiar se les debe vigilar, controlar celosamente el destino de sus recursos, evitar que los desvíen, impedir que sean presas de la corrupción, etc., pero se le causaría un grave daño al país si se les sigue mermando ingresos para destinarlos a otros fines, pues ellas han logrado paliar bastantes de las inequidades que hay en nuestra sociedad.

editorial
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