viernes 07 de mayo de 2010 - 10:00 AM

Las cifras cafeteras

A lo largo de los últimos 80 o más años, en Colombia el sector agrario más inteligente y prudentemente manejado ha sido el cafetero. La brillante conducción que a la Federación Nacional de Cafeteros imprimieron directivos como don Manuel Mejía y el doctor Arturo Gómez Jaramillo, la seriedad de los datos proporcionados en los estudios sobre producción cafetera y sus proyecciones, hicieron que durante mucho tiempo en el mercado internacional del grano, entre los grandes compradores y en la industria tostadora, se creyera a pie juntillas lo que decía Colombia y con base en las cifras que proporcionábamos, se hacían grandes negocios de compraventa de tal producto agrícola.

La credibilidad es la base de un mercado sensible como lo es el del café. Y el bienestar que tan buen halo daba a toda la economía cafetera nacional, desde la del Estado hasta la del pequeño caficultor, no es fácil de verter en letra escrita.

A tal estado de cosas no se llegó fácil ni rápidamente. Fue producto de la perseverancia, seriedad, consagración, rigidez empresarial y tino en la conducción de este renglón de nuestra agricultura. Eso fue lo que permitió que la caficultura fuera la base de la economía del país durante gran parte del siglo XX.

Desgraciadamente, la certeza de los estudios y proyecciones de producción de la Federación ya no son los mismos. Las cosas han cambiado. Ellos ya no son confiables para los grandes compradores en el mercado internacional porque en un importante estudio se cometió un grave error al calcular mal los estimativos de la producción colombiana en el último año y lo realmente cosechado fue un 32% menos de lo proyectado, diferencia inmensa. Con base en los datos proporcionados por Colombia, importantes empresarios internacionales  habían hecho negocios y tuvieron significativas pérdidas por lo avanzado que estaba ya el año cafetero cuando el error se hizo evidente.

La dimensión de lo ocurrido es difícil de medir para el hombre de la calle y lejos está de imaginar lo que ese error le afectará su economía doméstica y la economía del país. Desgraciadamente, las repercusiones  serán grandes.

El error en el manejo de la información que internamente tiene la Federación Nacional de Cafeteros sobre la cantidad de café que Colombia está produciendo hoy, ha perjudicado  los aciertos, éxitos y seriedad de casi 100 años.

Los directivos de la Federación Nacional de Cafeteros han tratado de minimizar lo ocurrido, de ponerle sordina a la gravedad de tal yerro, ¿pero eso es lo indicado?

Colombia ya no es el segundo productor mundial de café. Las cosechas de los últimos años han disminuido mucho. Lo dramático es que del café viven muchos colombianos y la actividad cafetera ocupa numerosa mano de obra.

 

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