miércoles 11 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Las crisis de los nuevos partidos políticos

La prensa nacional, por estos días, ha informado en forma extensa y a veces con demasiada agudeza de la crisis interna que atraviesa el partido Polo Democrático Alternativo, de la controversia ideológica que hay entre el sector que encabezan el senador Gustavo Petro, el ex alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón y María Emma Mejía y el sector que caracterizan Carlos Gaviria Díaz, Jorge Enrique Robledo y Néstor Iván Moreno. El germen de división gira en torno a la definición de su participación en la contienda electoral que se acerca.

El Partido de la U, pese a tener como padrino y razón de ser la defensa del proyecto político del Presidente Álvaro Uribe, recurrentemente da muestras en estar en crisis interna. Una es la posición de Juan Manuel Santos, otra la de Marta Lucía Ramírez, a ello se suma la decisión de  Gina Parody, muestras todas de la debilidad que hay en su seno; muchas de las curules de ese partido en el Congreso son ostentadas por personas que no tienen representatividad, ni  capacidad de convocatoria. Grueso número de los políticos que a su seno llegaron lo hicieron más por un propósito electoral  que por identidad ideológica.

Son enfermedades de la infancia de los conglomerados políticos. ¿Cuál es la causa? ¿Por qué no se han podido conformar nuevos y sólidos bloques de pensamiento político, si el país los reclama tanto?

Porque conformar un partido político es una tarea supremamente difícil. Desde hace cerca de 50 años en Colombia es fácil unir fuerzas electorales pero, una vez pasada la justa comicial, cada cual toma por su lado, la ideología se desvanece y el reparto del ponqué burocrático lo copa todo.
 
Hacer un partido –por el contrario- implica crear una homogénea urdimbre de ideas, identidad de cometidos entre dirigentes, activistas y bases partidistas, producir textos que robustezcan filosófica y políticamente su propuesta de poder y su visión de la sociedad, tener disciplina partidista, lograr darle carácter a la fuerza política y que la comunidad adhiera a ella, se identifique y se sienta parte y carne de esa fracción política.

Por eso los dos partidos políticos históricos, el Liberal y el Conservador, así estén disminuidos, así mucho de su ideología haya cedido para darle primacía a lo electoral y a lo burocrático, siguen –pese a todo- siendo partidos y hay una masa que se siente liberal o conservadora, así no acaten las instrucciones impartidas por sus direcciones.

El Polo y el Partido de la U son muy poco sólidos aún para soportar una crisis. Cuando un partido está en proceso de creación, cualquier crisis amenaza su subsistencia. Y eso es grave porque el país y su democracia necesitan que haya varias corrientes políticas que, desde distintos ángulos, hagan propuestas de gobierno. Por eso no hay que alegrarse de que atraviese una honda crisis el Polo y sea endeble la unidad ideológica del Partido de la U.

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