viernes 13 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Las estaciones de Policía no pueden ser escenarios de escándalo y muerte

Si llegó a haber alguna mano criminal, como lo está afirmando el concejal bogotano, o de omisión de socorro debe determinarse con prontitud y castigarse con la mayor severidad semejante acto de inhumanidad.
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En los últimos días los medios se han ocupado de un terrible hecho: el caso de la estación de San Mateo, en Soacha, Cundinamarca, ocurrido hace cinco semanas, en el que, según denuncias recientemente hechas por el concejal de Bogotá Diego Cancino, lo que comenzó como una protesta por parte de 20 detenidos en esa estación terminó en la muerte de nueve de ellos (ocho, según la Policía), dice Cancino, en hechos en los que estarían implicados algunos agentes.

Hacinados y encerrados en la estación, los detenidos habrían quemado una cobija que luego, en circunstancias por determinar, hecho que derivó en un incendio voraz, donde los detendidos no lograron escapar, algunos ante los ojos de sus propias madres que gritaban por ayuda. Una verdadera historia de terror en la que, además han trascendido imágenes de una mujer tratando de apagar el incendio con una mangera y un agente tratando de detenerla. Si llegó a haber, además de la imprudencia de los retenidos, alguna mano criminal, como lo está afirmando el concejal bogotano, o de una omisión deliberada de socorro, debe determinarse con prontitud y castigarse con la mayor severidad a los responsables de semejante acto de inhumanidad. Y lo que tal acontecimiento pueda tener que ver con nosotros es mucho: el pasado miércoles, en la estación de policía del norte, en Bucaramanga, se quemaron colchonetas como forma de protesta, también por el hacinamiento y las condiciones precarias en que mantienen a los retenidos. La situación no pasó a mayores, pero sigue siendo una bomba de tiempo para las autoridades y para la ciudad.

Hablamos de un problema de tal gravedad para nosotros que, en cifras oficiales entregadas a Vanguardia por el general Luis Ernesto García, comandante de la Policía Metropolitana, en las ocho estaciones de policía de Bucaramanga hay 597 detenidos cuando su capacidad máxima es de 87. Las razones de que en prácticamente todas las ciudades esté ocurriendo esto son múltiples, pero inician en un sistema judicial incapaz de operar al ritmo de los requerimientos de una sociedad como la actual.

Un sistema penal y carcelario que considere, como hace siglos, que solo castigando y encerrando incluso a los sospechosos de los delitos, es como se protege a la sociedad y se corrige al delincuente, debe replantearse de manera estructural en Colombia, pues las pruebas nos demuestran que el sistema está derrumbándose ante nuestros ojos sin que nadie proponga soluciones reales, prontas y definitivas a esta tragedia diaria en que se ha convertido nuestro sistema penal y carcelario.

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