miércoles 06 de enero de 2021 - 12:00 AM

Las multas que no se cobran terminan amparando la ilegalidad

Pero si la cifra de sancionados es casi que simbólica, la de pago efectivo de las multas es sencillamente irrisoria: solo 134 ciudadanos de 44.499 han pagado sus multas, es decir, solo un 0,3% de los sancionados.
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Según lo informado en la edición del martes de Vanguardia, desde el 25 de marzo del 2020, cuando comenzó a regir el aislamiento preventivo obligatorio, y con base en las sanciones establecidas para su incumplimiento, en el área metropolitana de Bucaramanga se castigó con multa a 44.499 ciudadanos, una cifra muy baja, comparada con lo que todos vimos que fue el desconocimiento generalizado de las normas de bioseguridad y confinamiento a medida que avanzó el año y las personas se acostumbraron al riesgo y a la debilidad de las autoridades.

Pero si la cifra de sancionados es casi que simbólica, la de pago efectivo de las multas es sencillamente irrisoria: solo 134 ciudadanos de 44.499 han pagado sus multas, es decir, solo un 0,3% de los sancionados. Este es el resultado de décadas de debilidad e incapacidad del Estado en lo que se relaciona con sanciones pecuniarias. Así como sucede hoy con las multas por la pandemia, ha ocurrido persistentemente con las multas de tránsito, con las infracciones al Código de Policía, especialmente en lo que atañe al comportamiento ciudadano en las calles, con las sanciones por incumplimientos tributarios, y la lista se prolonga hasta llegar, incluso, a las impagadas penas millonarias a algunos ciudadanos o empresas que burlan las leyes y luego las sanciones.

Esa debilidad de las entidades y autoridades del Estado al hacer efectivas las multas ha creado una conducta laxa en los ciudadanos que desconocen las normas abiertamente, porque saben que nunca serán sancionados o la sanción nunca será efectiva. La incapacidad para cobrar las sanciones pecuniarias, el establecimiento recurrente de amnistías de altos porcentajes a las multas o los intereses de mora acumulados por las mismas, la mirada permisiva al no pago de toda clase de sanciones en dinero no solamente crean la idea de que las penas pecuniarias es mejor no pagarlas o pagarlas tarde, sino que crean la odiosa diferencia entre quienes pagan pronta y cumplidamente sus sanciones y quienes no lo hacen; estos últimos son la mayoría y son quienes no solo mantienen su criterio de no pagar, sino también el de mantener sus actuaciones ilegales, con lo que quedamos en el sinsentido de que multar y no hacer efectivo los pagos, no solo vuelve la medida inoficiosa, sino también perniciosa al convertirla, en lugar de un castigo, en un estímulo a la burla de las normas.

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