jueves 27 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

Las pirámides y el principio de oportunidad

Ayer, en entrevistas dadas a varios noticieros radiales, el Fiscal General de la Nación planteó que si David Murcia Guzmán o cualquier otro celebro de las pirámides colabora con la justicia y devuelve a todas sus víctimas el dinero captado, sería beneficiado con el principio de oportunidad.

¿Qué es lo que ha propuesto el Fiscal? ¿A quienes les dirigió tal mensaje? Respecto a la primera pregunta, el Fiscal dejó entrever que en el caso de las pirámides, el organismo a su cargo tiene la clara intención de hacer uso de esta figura, la que es propia del sistema oral acusatorio y tiene éxito en países que atraviesan por una aguda crisis en su política criminal.

El principio de oportunidad es una figura nueva en Colombia, traída de países donde hay clara separación entre las funciones de la Fiscalía y las funciones de los Jueces. Conforme a él la Fiscalía decide, discrecionalmente a cambio de su colaboración, no acusar a un delincuente ante los jueces para que no se le imponga pena privativa de la libertad.  

La respuesta al segundo interrogante es que el Fiscal no le habló al país, se dirigió sólo al puñado de delincuentes que diseñó y llevó a cabo la captación masiva de dineros a través de las pirámides y timó a cientos de miles de colombianos que invirtieron su patrimonio en estos castillos de naipes. Y, además, los destinatarios del mensaje fueron los abogados de éstos.  

¿Aplicar esta figura jurídica a David Murcia Guzmán o al propietario de cualquier otra pirámide, es atinado? ¿Esta decisión qué transmite a la sociedad colombiana?

Beneficiar a los causantes de la aguda crisis que vivimos con la aplicación de tal medida, sería usar inadecuadamente el principio de la oportunidad, enviar a la sociedad un mensaje equivocado y nefasto, de devastadoras consecuencias.

Que alguien como David Murcia Guzmán, quien ha llevado a cabo acciones que lesionan hondamente a la sociedad y a la economía, pueda salir en poco tiempo de la cárcel y no tenga castigo, sería lo peor que le podría ocurrir a Colombia y abriría las puertas para que mañana cientos o miles de timadores ingenien figuras igual o más habilidosas que DMG, tranquilamente defrauden al público y  pongan en jaque al Estado, a sabiendas de que pocos meses después se podrían pavonear por las calles de cualquier ciudad nuestra.

El principio de oportunidad no debe ser utilizado en el caso de las pirámides, no solamente porque el país no tiene experiencia suficiente en la aplicación de esta nueva figura jurídica, sino porque se trata de un caso de honda repercusión social e histórica. Y una decisión inmediatista y errónea, puede ser fatal para el futuro.

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