viernes 18 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Las riñas dejan a Bucaramanga como una de las ciudades más violentas del país

La intolerancia y la tendencia a responder de forma agresiva casi a cualquier situación, hace que Santander se haya convertido en una región iracunda. Lo más peligroso es que la mayoría de estas riñas se dé al interior de los hogares...
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Según fuentes policiales, en Bucaramanga es donde más riñas han ocurrido este año en el país, comparada con capitales como Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla. Los 60.450 enfrentamientos reportados por la Mebuc en lo que va de 2020 son el peligroso y vergonzoso récord que le dan la razón a la idea generalizada que nos señala como la región más violenta del país.

La intolerancia y la tendencia a responder de forma agresiva casi a cualquier situación, por normal que parezca, hace que Bucaramanga, y Santander en general, se haya convertido en una región iracunda. Lo más peligroso es que la mayoría de estas riñas se dé al interior de los hogares. Hemos sido testigos de la agresividad que se vive en los espacios sociales, como negocios, transporte, oficinas públicas, calles, sitios de diversión, etc. Las historias de riñas que resultan en hechos fatales por motivos pueriles se cuentan por cientos y retratan ese ánimo pendenciero del que tenemos que hacer conciencia. Claro está que la respuesta violenta a situaciones que no lo ameritan de ninguna manera tiene justificación, pero en su causa convergen diversos factores, subjetivos y objetivos, con una larga carga histórica. Las estructuras autoritarias que privilegiaban el castigo físico o la implantación de la autoridad mediante la violencia verbal o el sometimiento mediante la humillación como un falso método de educación en el hogar, entre muchos otros factores, forman respuestas instintivas violentas ante los mínimos estímulos. También el aplauso al violento como errado concepto de fortaleza, el machismo, e incluso la sensación de impunidad persistente, que hace que muchos crean que no pasa nada ni porque se agreda a otro ni que valga la pena buscar soluciones ante las autoridades. Pero el confinamiento que se ha vivido en los últimos meses ha hecho que la convivencia en hogares y vecindarios se vuelva más compleja y aumente el número de riñas. La crítica situación económica derivada de esta misma circunstancia es causa también del aumento de la violencia intrafamiliar y social en general.

Tenemos entonces ante nosotros una mezcla en extremo peligrosa de factores que incrementan la respuesta agresiva en una cultura fundamentalmente violenta.

Corresponde a cada uno empezar a trabajar en bajarle a la agresión en casa y en la calle, y a las autoridades, establecer las estrategias tanto coyunturales como de largo plazo que nos permitan finalmente superar esta vieja y trágica constante violencia.

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