viernes 13 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Las tragedias invernales y la mano del hombre

Luego de pocas semanas de sol, volvió la temporada de lluvias y con ella las noticias de derrumbes, inundaciones y una amplia gama de daños al patrimonio económico de cientos de miles de colombianos. Eso, como se  sabe, se ha vuelto una constante durante los últimos años.

¿Las causas? El desorden climático, la abundancia de lluvias, borrascas, tormentas y demás alteraciones atmosféricas generadas por el voraz y equivocado uso y explotación de la naturaleza y el caos ambiental que ello ha provocado.

Las frecuentes noticias sobre desbordamiento de ríos y quebradas, el mar de leva que reiteradamente azota nuestras costas, los derrumbes que sepultan viviendas y terrenos explotados por el hombre, no son provocados por una maldición divina, ni un desastre natural, son producto de la desordenada y salvaje forma como estamos explotando los recursos naturales no renovables.

 Desafortunadamente, el Estado colombiano ha otorgado licencias y títulos mineros a diversas empresas para que exploten minas en páramos y parques naturales, lugares de gran valor ecológico como que allí está el origen y fuente del agua que corre por los ríos que bañan el territorio nacional; colonos y agricultores deforestan amplias extensiones de tierra para explotar anárquicamente el suelo. Aquellas y estos son causas de muchos de los desastres ecológicos que vivimos.

Como consecuencia de la voracidad con que están actuando quienes explotan la riqueza minera en los páramos y parques naturales, la tala de árboles y deforestación llevada a cabo por colonos y agricultores, se han multiplicado las crecientes de ríos y quebradas, su desbordamiento, desastres que se traducen en inmensas pérdidas económicas para muchos pobladores de extensas regiones, las que de no ser por ello, serían zonas de gran riqueza agrícola y ganadera, verdaderos polos de desarrollo.

En la explotación de la tierra y de la minería hay en Colombia desorden, voracidad e irresponsabilidad y el Estado no actúa ni controla  como debería hacerlo.

Así, por omisión, el Estado ha permitido que se sienten las bases para que amplias zonas del territorio nacional se conviertan -en algún tiempo- en erales y zonas desérticas. Y cuando ello ocurra, lo que será mucho más pronto de lo imaginado, ¿de dónde obtendrán agua y terrenos agrícolas y ganaderamente explotables los colombianos?

En otros términos, los colombianos de nuestros días y el Estado están actuando con egoísmo y miopía y lo que se está destruyendo es irrecuperable, así las empresas mineras paguen impuestos y regalías.

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