viernes 06 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Las vías terciarias o campesinas

Toda nuestra red vial tiene gran vulnerabilidad por factores climáticos, no hay suficiente inversión gubernamental y es precaria la conectividad con los centros de desarrollo económico del país
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El país tiene algo más de 206.700 kilómetros de carreteras, cifra a la que se le debe sumar cerca de 8.000 kilómetros de autopistas de cuarta generación, varias de las cuales aún no se han terminado como ocurre con los tramos II y III de la Ruta del Sol. Según el BID, necesitamos 45.000 kilómetros de vías adicionales para aumentar la productividad y tener un crecimiento económico sostenido.

Ello quiere decir que nuestra densidad vial es de 530 kilómetros por millón de habitantes; Brasil y México, tienen más del doble de tal densidad vial.

Toda nuestra red vial tiene gran vulnerabilidad por factores climáticos, no hay suficiente inversión gubernamental y es precaria la conectividad con los centros de desarrollo económico del país.

Las vías terciarias o campesinas son aquellas que unen a las cabeceras municipales con sus veredas, o a las distintas veredas entre sí; suman poco más de 142.000 kilómetros de la red vial nacional. Según Invías, el 94% de ellas está sin pavimentar y solamente el 18% está en buen estado.

La insuficiencia de vías terciarias o campesinas son una de las tres grandes causas de nuestro subdesarrollo y una de las principales raíces generadoras de violencia. Gran parte del atraso y descuido en este frente es secuela del centralismo.

Las vías terciarias dependen de los municipios y abultado número de ellas son verdaderos caminos de herradura. Mientras no tengamos una aceptable red de vías terciarias que unan los polos de producción agrícola con los centros de consumo y con los puertos, seguiremos hundidos en el subdesarrollo y los focos de violencia se seguirán multiplicando pues hay relación estrecha entre las necesidades de infraestructura de transporte en las regiones, el conflicto interno armado y la pobreza.

La construcción y mantenimiento de las vías terciarias no han podido despegar por no haber una fuente cierta de recursos en la dimensión necesitada, a eso se suma que hay desequilibrio en la inversión geográfica en ellas y que no hay un programa de mantenimiento rutinario. A todo lo anterior debemos agregar los actos de corrupción en los procesos licitatorios y la deficiente calidad de los materiales usados. Tales flaquezas nos hunden en el subdesarrollo. Solo cuando logremos remover dichas talanqueras podremos avanzar hacia un futuro menos incierto.

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