sábado 18 de abril de 2009 - 10:00 AM

Liberación mediática

En cada oportunidad en que las Farc han anunciado alguna liberación de secuestrados, este espacio editorial ha insistido en la misma idea.

Por esa razón ahora, con la posible liberación del cabo Pablo Emilio Moncayo, hay que repetirlo una vez más y cuantas veces sea necesario para que la opinión pública colombiana no tenga posibilidad alguna de confusión. A las Farc no hay absolutamente nada qué agradecerles. Y no hay nada qué agradecerles, porque son ellas y únicamente ellas las responsables de que haya más de veinte uniformados hace más de una década muertos en vida en la mitad de la manigua y son también solamente Alfonso Cano y sus filas los que deben responder por su insistencia ciega y cruel de utilizar el secuestro como arma política y económica de lucha.

De hecho, con el anuncio de la posible liberación del cabo Moncayo, quedó nuevamente demostrado más allá de toda duda, que para esa agrupación criminal, las vidas de esos colombianos plagiados en la selva no son más que objetos susceptibles a ser utilizados políticamente.

Pocas veces como ahora, teniendo en cuenta las circunstancias de la Cumbre de las Américas, ha quedado en más evidencia que esa liberación tiene como único objetivo tratar de cambiar su corroída imagen ante la comunidad nacional, pero sobre todo, la internacional.

En otras palabras, se trata simple y llanamente de una liberación mediática.

Es que si esa organización tuviera un cambio sincero y real en su postura, liberaría a todos los secuestrados  inmediatamente y no a cuentagotas, para montar un espectáculo cada vez que necesita o requiere dar lo que ellas consideran que es un golpe de opinión o una muestra de buena voluntad.

Por esa razón es que liberan precisamente a Pablo Emilio Moncayo, el plagiado más conocido y mencionado por los medios, gracias a las campañas realizadas por su padre en pro de su libertad y no a ningún otro de los uniformados que todavía mantienen en cautiverio.

El país, entonces, no se debe llamar a engaños. Bienvenido el cabo Moncayo a su libertad. Ojalá las Farc cumplan su palabra, pero son quienes permanecen en el monte los que encarnan las intenciones reales de esa agrupación subversiva.

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