viernes 20 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

Los 57 años de la UNAB

Corrían los últimos meses de 1952, año que en la Colombia de la segunda parte del siglo XX, fue de sin par persecución de todo lo que simbolizara el ideario liberal y en el que pulularon, en campos y poblados, inenarrables actos de violencia  contra militantes y activistas liberales. Por ello las actividades partidistas y culturales de quienes comulgaban con tal versión de la sociedad y el Estado, se replegaron en grado sumo en sus manifestaciones externas.

Pero como suele ocurrir, nunca se fortifica más un ideario que cuando es perseguido. Eso sucedió a finales del siglo XIX durante  la Regeneración y se repitió en los años 50 del siglo XX.

Ejemplo cimero de ello es cómo en 1952, en las mesas del café Inglés y al abrigo de la hospitalidad de hogares generosos, cobró vida en Bucaramanga un centro educativo que teniendo por norte la tolerancia, la libertad de ideas y de investigación, permitió a los educadores que eran perseguidos por su filiación liberal, formar a las nuevas generaciones por fuera del marco confesional y del ideario impulsado por las autoridades políticas y educativas de tal momento.

El desprendido aporte económico de casi un centenar de santandereanos, el empuje de hombres libres seguidores de expresiones masónicas, de intelectuales y empresarios liberales, volvió realidad un centro educativo que recibió el nombre de Instituto Caldas.

Humildes casas del centro de Bucara-manga alojaron al embrión de una de las más perdurables obras culturales que por iniciativa privada cuajaron entre los santandereanos en la pasada centuria. Con las uñas un puñado de Quijotes convenció a padres de familia de matricular allí a sus hijos y pese a que durante sus primeros cuatro años se le negó la personería jurídica, la perseverancia de puntales tales como Alfonso Gómez Gómez y el gesto del sacerdote Gilberto Serrano Ferreira (quien aceptó impartir la cátedra de Religión), lograron que en 1956 se le otorgara la aprobación oficial.

Ese modesto colegio, que logró transformarse en la UNAB, es producto del esfuerzo, los sacrificios, la generosa lucha honesta y sin reposo de sus impulsores, gesta de más de medio siglo que hoy es una gran casa de estudios superiores que abarca amplio horizonte educativo y formativo.

Durante 57 años la UNAB ha hecho presencia en Santander y Colombia, ha dejado una huella significativa en la formación educativa y cultural, ha cimentado el pensamiento de varias generaciones y es un ejemplo sobresaliente de lo que debe ser y contener una obra para ser perdurable.

Para la UNAB nada ha sido fácil. Es producto de la labor mancomunada de hombres cívicos liderados por Armando Puyana, Alejandro Galvis Galvis, Guillermo Montoya, Jorge Vargas Cantillo, Carlos Gómez Albarracín, Alfonso Gómez Gómez, Octavio Cadena, Alberto Montoya, Gabriel Burgos y de una comunidad que ha creído en ella.

Tiene la UNAB mucho por hacer en el siglo XXI, pero es hoy un exquisito ejemplo de cómo la desprendida unión de esfuerzos puede convertirse en floreciente y pujante realidad.

 

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