lunes 24 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Los cerebros del conflicto interno

Colombia lleva muchos años siendo escenario de aguda confrontación violenta. El lapso transcurrido entre mediados del siglo XX y hoy, ha tenido que ser empleado por la sociedad y el Estado en reiterados intentos por encontrar la salida al enfrentamiento que en cada momento histórico se vive y como cada solución se diseña incompleta, con puntos débiles y superficiales, poco tiempo después aflora un nuevo motivo de tensión social, con otros actores del conflicto interno y revive la confrontación; vuelve entonces el Estado a rehacer propuestas, enfrentar violentos y tratar de 'apagar el nuevo incendio' con otras ideas incompletas y superficiales.

En Colombia un episodio violento sepulta al anterior y se superpone sobre él, como ocurre con las capas geológicas en la corteza terrestre, que se superponen una sobre otra aplastando la nueva a las que le precedieron.

Lo que sucede con los paramilitares, la guerrilla y los carteles de narcotraficantes es expresión viva de ello.

Así, cada vez que se logra ahogar a un cartel de mercaderes de narcóticos, surgen otros nuevos con más ímpetu y audacia que sus antecesores.

Si se estudia el fenómeno paramilitar con profundidad, es evidente que la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia fue incompleta, con grandes debilidades y 'agujeros negros' y por eso si bien los jefes de ellas están tras las rejas, el paramilitarismo está vivo, se está rearmando y en cualquier momento aparecerá ante el país como un nuevo basilisco.

Lo mismo ha pasado con la guerrilla. Cada nuevo movimiento guerrillero se edifica sobre las cenizas del anterior y la solución que acometen el Estado y la sociedad es incompleta, lo que larva el problema y posibilita que en un futuro vuelva a hacer erupción.

Nuestras soluciones siempre son a medias, fundadas más en el ánimo de acallar el bochinche que en solucionar realmente el problema. El caso del paramilitarismo preocupa. Hoy es una verdad incontrovertible que mientras los 'paras' estaban en los campos generando violencia, agazapados, tras bambalinas, había congresistas y políticos, exponentes de sectores poderosos de la economía y del Estado, que eran los cerebros del fenómeno y la impunidad les ha permitido posar de líderes de la sociedad, ocultando su verdadero rostro de promotores de delitos de inmensa gravedad social e histórica. Y en cualquier momento cranean otro episodio de violencia.

Mientras no se corra el velo y se persiga a los que verdaderamente planifican, financian y dan oxígeno a quienes hacen la guerra, seguirá habiendo violencia en Colombia. De allí lo que ha ocurrido con crímenes tales como los asesinatos de Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado y Jaime Garzón. Por eso en cualquier momento habrá nuevos amenazados y otras víctimas pues las mentes siniestras siguen actuando desde la oscuridad mientras la sociedad paga las consecuencias de sus maquiavélicos planes. 

 

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