jueves 26 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Los desacuerdos, cuatro años después de la firma de la paz

Los Acuerdos de Paz avanzan a paso demasiado lento, en un proceso tortuoso en el que la inobservancia de lo pactado ocurre en ambas partes. Ni el Estado ha cumplido sus compromisos ni lo ha hecho el hoy partido Farc.
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Era difícil pensar que a cuatro años de la firma de los Acuerdos de Paz, el país tuviera que afrontar una situación de violencia de la magnitud y multiplicidad de frentes, como la que tenemos hoy. Si bien se entendía que la paz no era la consecuencia mágica de la firma de un documento, sino que con esto apenas comenzaba un período que, con mayor o menor celeridad, sería el del cumplimiento de lo pactado y la reconstrucción del país, en toda sus expresiones.

Sin embargo, lo que hace solo cuatro años fue un de máximo interés para los colombianos, hoy es para muchos una lucha por la consolidación de la paz, de la que se sienten fatigados; para otros es un Acuerdo inconveniente, al que tratan de modificar de mil maneras, incluídas propuestas de referendos; pero para la mayoría es un tema marginal, al que no le conceden mayor importancia y que, por efecto del alud informativo de la pandemia, quedó aún mucho más relegado.

Así, entre el impulso de los amigos, los esguinces de los enemigos y el silencio de los desentendidos, los Acuerdos de Paz avanzan a paso demasiado lento, en un proceso tortuoso en el que la inobservancia de lo pactado ocurre en ambas partes. Ni el Estado ha cumplido sus compromisos a cabalidad, ni lo ha hecho el hoy partido político Farc. Se desarmaron los frentes guerrilleros, pero no se desarmaron los espíritus de los combatientes de esa vieja y desgarradora guerra, ni cumplieron su obligación de verdad, por eso hoy la violencia parece haberse repotenciado en la muerte de centenares de líderes sociales, en los combates de las disidencias por el control territorial estratégico, pero también por el dominio de las rutas y cultivos de droga; la intolerancia política es cada vez mayor y las amenazas de ‘limpiezas sociales’ reaparecieron también a nombre de nuevos frentes paramilitares.

Este periódico, fiel a su origen y su tradición ha defendido siempre la paz como el medio justo y necesario para el ejercicio de las libertades individuales y el desempeño transparente y equitativo de la democracia. El cumplimiento de los Acuerdos, el respeto por las instancias creadas en ellos de la importancia vital que tiene, por ejemplo, la JEP y el paso que debe darse hacia la realización efectiva de la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición, son no solo aspiraciones sino impostergables necesidades que, de cumplirse, abrirán los caminos de convivencia y progreso para las nuevas generaciones.

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