miércoles 06 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Los embarazos de niñas y adolescentes, una realidad que no se quiere encarar

Los derechos, las oportunidades y las expectativas de desarrollo personal de estas niñas y jóvenes en la práctica quedan suspendidas o definitivamente perdidas debido a las obligaciones que se desprenden de su condición de madres.
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El hecho una y mil veces comprobado e ilustrado con las cifras más recientes de la ocurrencia de embarazos en adolescentes en Bucaramanga nos deja un panorama con múltiples variables en las que prácticamente todas tienen una gravedad significativa. Los últimos datos oficiales hablan de un número muy alto de embarazos en adolescentes entre 15 y 19 años, aunque el índice se reduce ligeramente de 2019 a 2020; pero al mismo tiempo se muestra un aumento en el mismo fenómeno en niñas de 14 años, todo un problema que no solo nos llama a atender a las jóvenes madres, sino a entender sus causas en situaciones de marginalidad, machismo, inequidad y tantas otras condiciones conflictivas de nuestra sociedad.

La situación en Santander ha sido siempre especialmente aguda en este campo desde hace muchos años, y en el aspecto particular de embarazos en adolescentes y menores de edad, siempre ha habido una problemática que, por lo visto, no se ha sabido enfocar y abordar. Lo demuestra el hecho de que en 2019, por ejemplo, se registraron 55 niñas con edades entre 10 y 14 años que declararon su embarazo y cada caso desnuda el grado de indefensión en que están estas menores y el incumplimiento del Estado a su obligación de orientarlas y protegerlas, y de la sociedad de defender los derechos reproductivos y de acceso a la educación en salud sexual.

En las adolescentes, entre 15 y 19 años, se registraron en Santander, en 2019, un total de 4.152 nacimientos y en 2020 la cifra llegó a 3.877. En lo que corresponde a Bucaramanga, según el observatorio digital, las adolescentes presentaron 490 nacimientos, en los que 53 casos fueron de madres con dos, tres y una de ellas cuatro hijos. Es muy fácil entender la tragedia que esto significa para menores y adolescentes que deben enfrentarse a la maternidad generalmente en condiciones económicas muy desfavorables.

Los derechos, las oportunidades y las expectativas de desarrollo personal de estas niñas y jóvenes en la práctica quedan suspendidas o definitivamente perdidas debido a las obligaciones que se desprenden de su condición de madres en forma prematura. Sus oportunidades de estudio, trabajo, emprendimiento y casi cualquier actividad de desarrollo quedan relegadas frente a una maternidad temprana. Es esta una situación de evidente injusticia con estas jóvenes mujeres que no tuvieron acceso oportuno a los servicios de salud sexual y reproductiva y terminaron convertidas en víctimas de un sistema que, en la práctica, las discrimina, las abusa y finalmente las abandona.

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