viernes 27 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Los excesos en las redes los deben controlar los mismos usuarios

Hay que dejar de seguir y de llamar ‘influenciadores’ a quienes no son más que protagonistas del desagrado, del mal ejemplo, de la ignorancia sin límites y del irrespeto. Es hora de dejar de darles visibilidad a este tipo de sujetos.
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El indignante video en el que unos jóvenes cartageneros engañan a un grupo de personas de la tercera edad y los inducen a probar lo que ellos creen son paletas, pero en realidad son barras de jabón, es una lección más de hasta qué punto la ignorancia, la incultura y el afán de figuración transforma el poder de las redes sociales en un caos comunicacional y un riesgo cierto para las personas, no solo por la exposición a mensajes mentirosos, malintencionados o sencillamente delincuenciales, sino que también expone a las personas, como en este caso, a peligros reales, por culpa de la insensatez de estos advenedizos que no comprenden, siquiera en una mínima proporción, la responsabilidad que implica la difusión masiva de un contenido.

Lo que pretendían el mal llamado ‘influencer’ y sus amigos presentar como una broma en su video, fue recibido por el país entero como lo que es, una ofensa mayúscula contra personas en estado de indefensión, que desató una marejada de indignación y furia en redes sociales y medios de comunicación, que ya comienza a producir hechos judiciales con la captura de uno de los tres impertinentes, que se entregó esta semana a las autoridades.

Ahora, el protagonista del acto abusivo que quedó en video tendrá que responder por “comportamientos que afectan a los grupos sociales de especial protección constitucional”, tal como lo estipula el Código Nacional de Policía, que considera así a las personas en condición de vulnerabilidad, discapacidad, niños, adultos mayores y mujeres en estado de embarazo. Todavía faltan dos jóvenes más por judicializar.

Ni estos grupos sociales de especial protección constitucional ni ningún ciudadano debe ser asaltado en su buena fe con mensajes trucados, agresiones verbales o espectáculos degradantes en las redes sociales que es donde, especialmente, se dan estos casos de distorsión y abuso flagrante de estos medios virtuales. Lo que debe defenderse como un espacio en el que se fortalezcan las relaciones sociales, se promueva el sano debate de los temas de interés general, se fomente la solidaridad, se expongan con fundamento, respeto y tolerancia las diferencias o, incluso, se fomente la educación y la formación intelectual de la población, no puede convertirse en el ámbito de la anarquía y el estímulo a la estupidez.

Corresponde a los mismos usuarios de estas redes regular el comportamiento de todos, para que no se abuse de la libertad pervirtiéndola al usarla como un arma para la ofensa, la burla o el escarnio, que fue lo que ocurrió con estos adultos mayores. Por favor, hay que dejar de seguir y de llamar “influenciadores” a quienes no son más que protagonistas del desagrado, del mal ejemplo, de la ignorancia sin límites y del irrespeto. Es hora de dejar de darles visibilidad a este tipo de sujetos.

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