sábado 17 de enero de 2009 - 10:00 AM

Los peajes en las carreteras colombianas

Esta semana informó Invías que, para toda clase de vehículos, los peajes que dependen directamente de tal entidad estatal subieron de valor.

Respecto de los que están instalados en carreteras dadas en concesión a contratistas privados, no hay uniformidad en cuanto a las fechas en que se hace el reajuste de dicha tarifa, lo que desorienta a los viajeros, desconcierto que es aprovechado por más de un avivato. Desafortunadamente en nuestro país esos problemas son manejados por las autoridades, más no se les da solución.

Pero lo más molesto para los automovilistas es la forma artesanal como se cobra a cada automotor la tarifa establecida por concepto de peaje. El sistema es manual, en cada caseta de cobro hay pocos empleados y en el recaudo a cada vehículo gastan demasiado tiempo.    Así, si en un peaje se forma una fila de 20 automotores, cada uno demora casi media hora para cancelar dicho tributo.

Hace dos semanas, el pasado 4 de enero, en el peaje ubicado en Pescadero, en la vía que comunica a Bucaramanga con Bogotá, cada automotor que en horas de la mañana iba hacia la capital del país demoró cerca de una hora haciendo una incómoda fila para pagar un peaje de algo más de 5 mil pesos. Y más adelante, en el peaje ubicado entre Ubaté y Zipaquirá, la demora en promedio fue de más de una hora por vehículo.

Así, quien se desplazó entre la capital de Santander y Bogotá ese día, debiendo haber gastado entre 7 y 8 horas en el recorrido, demoró entre 10 y 11 horas como consecuencia del ineficaz método usado para cobrar los peajes.

El sistema empleado para ello hace lerda la operación y si hay que devolverle dinero al viajero, el problema se agudiza. Ello se vivió en todo el país en la moribunda temporada de vacaciones de fin de año y es palpable en los puentes festivos.

La solución es implantar el sistema de cobro automático del peaje y además, promocionar profusamente el sistema de prepago y de pospago de ellos, estableciendo puntos de venta de talonarios en sitios estratégicos de las carreteras, como está establecido en muchos países.

Si ello no se implanta, los trancones o tacos (como los llaman los antioqueños) no serán solo en las vías de las ciudades, sino en las carreteras de todo el país. O, ¿se justifica que en La Línea, entre Cajamarca y Calarcá, hubiera habido momentos en que la fila de vehículos que esperaban poder pagar el valor del peaje llegara a extenderse por cerca de 15 kilómetros?

En la solución de este tipo de inconvenientes y pequeños pero molestos nudos gordianos está la eficacia de quienes administran el Estado, es decir, del ministro del Transporte, de su equipo de trabajo y del director de Invías. El país espera y necesita que se solucione pronto esta incomodidad.

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