jueves 08 de enero de 2009 - 10:00 AM

Lunares negros en temporada de vacaciones

Quien a lo largo de estas semanas haya leído prensa, oído noticieros de radio, o visto las noticias que se transmiten por televisión, sabe que en Colombia viajar por carretera implica un alto riesgo para la seguridad personal. A ello se suma que el número de percances de bañistas en las costas del mar Caribe colombiano creció preocupantemente. ¿Cuáles son las causas?

La principal, la imprudencia, tanto de quienes van al timón de los automotores, como de los bañistas. Pero no son las únicas.

Quien con sensatez haya salido a las carreteras colombianas por estas fechas, se percata que hay muchos conductores imprudentes que ponen en riesgo sus vidas y las de muchas personas más.

Corta la respiración la osadía y temeridad de muchos conductores que hacen de la inobservancia de las normas de tráfico terrestre por carretera su estandarte. Adelantan en curvas, no obedecen las normas de seguridad en aquellos tramos de carretera en que hay doble línea amarilla continua, intempestivamente detienen la marcha en cualquier lugar, conducen a velocidades excesivas, como si todo ello y muchas otras imprudencias fueran de buen recibo a la luz del Código de Tránsito Terrestre.

Los automovilistas de las grandes ciudades del país no han logrado comprender que una cosa es conducir por las vías de nuestros centros urbanos y otra, muy distinta, hacerlo por nuestras carreteras. Es de ver el afán de muchos tratando de sobrepasar a los vehículos que les anteceden, sin importar cuántas normas de circulación violen con tal de lograrlo; proceder así en vías carreteables en las que en cualquier curva puede aparecer un vehículo en sentido contrario, es una osadía que en estos días se ha pagado con vidas humanas, lesiones personales y cuantiosos daños en automotores.

A ello se suma que la tarea de la Policía de Carreteras en esta temporada hubiera podido ser mejor. Es decir, que en esta dependencia hubo más ruido que nueces en diciembre de 2008 y enero de 2009.

Ojalá esta institución comprenda que debe ser más eficaz y llevar a cabo una campaña educativa preventiva más profunda y reiterativa, desde varios meses antes de diciembre.

Otro lunar negro de la temporada de vacaciones ha sido la imprudencia de muchos bañistas en las playas de nuestro mar Caribe. El mar es un espectáculo bello pero se le debe tener respeto. Personas que no tienen conocimiento de los peligros que conlleva el ser osados en el mar, han  abusado y el saldo de tanta imprudencia e insensatez es un alto número de muertos.

Es urgente emprender campañas educativas en nuestras ciudades sobre los riesgos que conlleva el ser temerarios en el mar. Ojalá dentro de un año el saldo de muertes por estas causas sea mucho menor al de esta oportunidad.

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