domingo 19 de abril de 2009 - 10:00 AM

Made in China vs hecho en Colombia

En tiempos de remezón económico como los actuales, cuando la pelea de las empresas y hasta los países enteros por los escasos recursos de los consumidores se vuelven más complejas y agudas, es necesario pensar estratégicamente.

Cómo llegar a los clientes, los argumentos para convencerlos, la manera de servirles mejor y por qué no, hasta cómo explotar las debilidades de los competidores, son tácticas a tener en cuenta en cualquier plan que se desarrolle para hacerle frente a los tiempos difíciles. En Colombia, si bien hasta el momento no se ha tenido una conciencia nacional del asunto, hay que admitir que ya se están dando los primeros pasos.

De hecho, la reunión entre la Confederación general del Trabajo, CGT, el Gobierno Nacional y varios empresarios, en la cual se presentaron alternativas para salir de la crisis, en lugar de caer como es costumbre en las recriminaciones y las críticas que sería lo de esperarse, es un suceso sin precedentes.

Y no tiene precedentes, porque son los mismos sindicatos los que han propuesto con mucha inteligencia liderar una compaña nacional para promover el consumo interno llamada Colombiano compra Colombiano, además de plantear un compromiso para mejorar la calidad de los productos y servicios manufacturados y ofrecidos en el país.

La estrategia no podría estar mejor diseñada. Es que además de apelar al sentimiento patriótico de la ciudadanía para conservar los empleos internos, ofreciendo de paso producir bienes de mejor calidad, lo único que le faltaría es explotar, como ya se mencionó párrafos arriba, algunas debilidades de la competencia. En este caso, para ponerlo con nombres propios, la proveniente de china.

Para nadie es un secreto que uno de los grandes lunares de innumerables productos, así no sean todos, hechos en esa nación, es su falta de calidad. En otras palabras, son muy baratos, sí, pero su durabilidad y confianza están siendo fuertemente cuestionadas en todas partes del mundo.

Para citar sólo algunos ejemplos, es suficiente con mencionar el caso de los juguetes chinos infectados con plomo vendidos en Estados Unidos, la leche para bebé y chocolates con sustancias potencialmente tóxicas como la melamina, más recientemente los ‘dry walls’ para construcción que producirían gases capaces de corroer tuberías y afectar potencialmente la salud humana, así como la poca duración que otorgan varias líneas de electrodomésticos.

Y es precisamente ese punto el que tiene que pregonar la industria nacional; la disparidad existente entre la calidad de los productos colombianos que durante años ha evolucionado muy satisfactoriamente, a diferencia de los problemas que en ese sentido afectan hoy a los chinos.

Se trata simple y llanamente de una cuestión de supervivencia, que el país debe adoptar como propósito nacional.

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