sábado 10 de febrero de 2024 - 12:00 AM

¿Más pico y placa y cada vez menos transporte público?

Caminamos lentamente hacia un monopolio del transporte ilegal y la decisión de hacer más restrictivo el uso de los vehículos particulares se siente bastante contraria al sentido común
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De la decisión de ampliar el pico y placa, con ciertas condiciones, a toda el área metropolitana de Bucaramanga hay un primer detalle que debemos celebrar y es el hecho de que, finalmente, con este nuevo grupo de alcaldes del área estén tomándose decisiones colegiadas que responden a circunstancias y soluciones comunes, para problemas que, como el del tránsito, hace rato excedió los límites de cada municipio y se convirtió en un solo fenómeno metropolitano. Los alcaldes se han estrenado con la idea de extender la restricción del pico y placa a toda el área metropolitana, aunque, fuera de Bucaramanga, sólo cubrirá a las autopistas que unen a los municipios conurbados.

Sin embargo, la medida deja la sensación de que, nuevamente, estamos quedando plantados en el manido y cuestionado esquema del pico y placa que, como lo ha comprobado la experiencia, muy poco aporta a la descongestión o a la descontaminación y sí ha hecho que aumente en varios puntos porcentuales el parque automotor de las ciudades que lo han tenido. Pero, además, cabe preguntarse si es buena idea ampliar territorialmente el pico y placa, precisamente cuando el único sistema de transporte masivo que teníamos ha quebrado y funciona hoy con menos del 10 % de su flota. Menos transporte público y más restricción al vehículo particular, solo logrará aumentar la demanda ilegal.

Todo el transporte público metropolitano hace agua: los taxis caminan prácticamente por la frontera de la pirtería, ofreciendo servicios para los que no están autorizados; los buses convencionales no han logrado articularse con el Sitme y están muy lejos de suplir la ausencia casi total de la flota de Metrolínea; los bicicarriles como opción alternativas al transporte tradicional, hasta ahora son un fracaso; en pocas palabras, caminamos lentamente hacia un monopolio del transporte ilegal y la decisión de hacer más restrictivo el uso de los vehículos particulares se siente bastante contraria al sentido común.

Otras ciudades han acudido a alternativas más modernas, como establecer contraflujos que pueden hasta duplicar los carriles en horas pico; crear vías alternas eficientes para distribuir los vehículos por canales que no sean exclusivamente avenidas y autopistas; invertir en educación de la población para cambiar sus patrones de comportamiento sobre los automóviles, pero, sobre todo, desarrollar sistemas sostenibles, seguros y suficientes de transporte público que le den a las personas una opción real distinta a su propio carro. Más creatividad, más audacia y una visión moderna a los problemas del tránsito y del transporte público y su solución, es lo que esperamos de los nuevos alcaldes metropolitanos.

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