martes 21 de junio de 2022 - 12:00 AM

Miles de personas viven en riesgo debajo del Viaducto García Cadena

Es urgente que se haga una intervención en esta comunidad para detener estas ‘guerras’ de pandillas, proteger a los habitantes de sus efectos y, por otra parte, evaluar la necesidad de ejecutar obras que disminuyan los riesgos que se presentan por efecto de los fenómenos naturales.

Pocos meses después de que, hace 52 años casi exactos, se hubiera dado al servicio el Viaducto Benjamín García Cadena, sobre una delgada autopista, debajo de la que para los bumangueses de entonces era una colosal estructura, se levantó el primer rancho que hospedó la primera familia en estos predios que parecían imposibles para usarse como residenciales. Una pequeña nota en las páginas editoriales de este periódico en esos comienzos de los años 70 reseñaba la foto que mostraba la curiosa desproporción entre aquella minúscula casa de madera y las voluminosas columnas del puente.

La nota, además de esta observación geométrica, señalaba a los gobernantes de la época la necesidad de que se evitara que los predios aledaños al viaducto fueran poblados, pero la advertencia pasó bajo el radar de las administraciones y, más temprano que tarde, al paupérrimo pionero se le fueron acomodando vecinos, uno tras otro, hasta que hicieron manzanas de ranchos, que fueron reemplazando por ladrillos, las tablas de las paredes y las láminas de zinc del techo por placas de cemento o concreto. La invasión se consolidó, se convirtió en el barrio San Martín, aunque la zona es de riesgo, pues está en una cota menor que la de la quebrada La Iglesia.

San Martín creció tanto que dio paso a los barrios El Sol y San Pedro, donde miles de familias más viven hoy en un sector que afronta riesgos grandes como la inundación que hace dos semanas amenazó seriamente la vida de cientos de personas residentes de las casas por cuyo frente pasó un furioso arroyo que arrastró carros y causó estragos en las viviendas e instalaciones públicas.

Pero, aparte de esto, la zona se ha señalado recientemente también como de alta inseguridad por la frecuente ocurrencia de hechos delictivos como asesinatos, amenazas de muerte, microtráfico y pandillas que desde hace tiempo agobian a los residentes y visitantes y que hoy, según las autoridades, han escalado al punto de darse una guerra entre las pandillas del sector, que afecta primordialmente a los jóvenes, pues los registros de los hechos de sangre señalan a personas de hasta 28 años, como victimarios o víctimas.

Es urgente que se haga una intervención en esta comunidad para detener estas ‘guerras’ de pandillas, proteger a los habitantes de sus efectos y, por otra parte, evaluar la necesidad de ejecutar obras que disminuyan los riesgos que se presentan por efecto de los fenómenos naturales.

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