domingo 08 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Momento histórico para la paz

Es de esperar que en esta ocasión el Eln entienda que hace mucho el tiempo corre en su contra, el mundo entero ha cambiado y la propuesta guerrillera es un modelo tan anacrónico en lo estratégico como fracasado en lo filosófico y lo político
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Luego de varios meses de silencio, desde el aleve y sangriento ataque del Eln, el pasado 17 de enero, contra la Escuela General Santander en el que con un carrobomba se causó la muerte a 22 cadetes, el Gobierno, por medio del comisionado de paz, Miguel Ceballos, ha vuelto a mostrar la puerta abierta para adelantar diálogos de paz con esa guerrilla, sin ceder en ninguna de las dos condiciones existentes desde el primer momento de la administración Duque: la entrega de todos los secuestrados y el cese de toda actividad criminal.

Visto el hecho desde la actual agitación social, la perspectiva de que la “conversación nacional” propuesta por el presidente alcance hasta la reactivación de diálogos de paz con el Eln, constituye una gran esperanza para el país, en tanto el proceso concluido con las Farc ha demostrado que, a pesar de sus falencias, deriva grandes beneficios al tejido social de la Nación.

Para el oriente colombiano, en particular los dos santanderes y Arauca, esta es, sin duda, una noticia que abre un compás de esperanza en términos de una posible reactivación económica, en caso de darse el cese de actos violentos en una zona de indudable importancia en la extensa frontera con Venezuela, sometida ya a grandes dificultades por la situación de orden público en los dos países.

Pero, tal como lo advirtió el mismo comisionado Ceballos, la palabra la tiene la guerrilla en tanto las condiciones que este Gobierno les ha puesto son inamovibles y hasta el momento no ha habido de parte del Eln una intención clara de cumplirlas para sentarse a una mesa de negociación. Cartas enviadas a los subversivos por parte de cuatro obispos, por una parte y de Humberto de La Calle, por otra, han reabierto el debate sobre la paz y, aunque en el pasado los comandantes de todos los movimientos en armas han antepuesto su arrogancia y terquedad al sentido de realidad, es de esperar que en esta ocasión el Eln entienda que hace mucho el tiempo corre en su contra, el mundo entero ha cambiado y la propuesta guerrillera es un modelo tan anacrónico en lo estratégico como fracasado en lo filosófico y lo político.

Es hora de entender, si se quiere, la nueva dialéctica y buscar en el marco de la democracia lo que claramente no pudieron, ni podrán ya, alcanzar por la vía armada que, probado está hasta la saciedad, los colombianos rechazan prácticamente por unanimidad.

editorial
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