viernes 03 de julio de 2009 - 10:00 AM

Morosidad que llama a escándalo

XHace más de 4 años, en febrero de 2005, en una inesperada ola invernal que hubo, las familias de menos recursos económicos de Bucaramanga y Girón fueron el sector social más duramente golpeado por la inclemencia de las lluvias y la salida de madre del Río de Oro y de varias quebradas que en él vierten sus aguas. Ello les obligó a improvisar sus viviendas en varios lotes inhóspitos donde apretujadamente, en ínfimas condiciones de salubridad y de convivencia, se ubicaron mientras las autoridades les construían viviendas. Y ese 'mientras tanto' lleva ya casi media década. ¿Por qué tanta demora?

Durante este lapso ha ocurrido todo lo imaginable en el seno de ese monstruo administrativo llamado burocracia. Día a día se ha puesto en evidencia porque somos un país que se asfixia en el subdesarrollo. Promesas, vistosas fotografías con los damnificados, pomposa conformación de comités de solidaridad, inoperancia administrativa, trámites inocuos y redundantes, procedimientos estúpidos, insuficiencia de partidas presupuestales, celos entre políticos parroquiales, brotes de corrupción, etc. Un gran mosaico de egoísmo y torpeza social. En tanto, esas mismas autoridades que han sido incapaces de solucionar el problema a los damnificados, en varias ocasiones han anunciado rimbombantes y masivos planes de construcción de vivienda de interés social para los sectores sociales más necesitados. ¿Quién va a creer en tales ditirambos y pregones huecos?

Los sectores sociales y económicos más pudientes oportunamente tendieron su mano para ayudar a los damnificados, hicieron aportes generosos y reclamaron que se ejerciera vigilancia y control sobre las entidades estatales que auxiliaban a las víctimas. Y se agotaron de nadar contra la corriente y de la morosidad oficial.

¿Y los damnificados? Ellos siguen de la mano de Dios y demasiado cerca de la inoperancia del Estado. Llevan más de cuatro años viviendo en condiciones indignas y cada día acumulan más desesperanza. Sus familias se han descompuesto y atomizado, soportan inhumanas condiciones de higiene y salubridad, de falta de privacidad y son víctimas de todo tipo de enfermedades físicas, sociales y del alma.

Por eso, si bien es amarga la decisión tomada por el Obispo Auxiliar de Bucaramanga, Monseñor Juan Vicente Córdova, de renunciar a su labor en comités y órganos de solidaridad con las víctimas, es lógica pues tal prelado ha demostrado a la comunidad santandereana durante más de 10 años, primero como rector del Colegio de San Pedro Claver y luego como prelado de la Iglesia, que es un eficiente ejecutivo y líder social, recto, dinámico, que mal puede seguir haciéndole juego a la farsa de la 'ayuda' a los damnificados de la ola invernal de febrero de 2005.

Tal renuncia es un timbre que debe escuchar la comunidad santandereana, la que tiene la obligación moral, social e histórica de exigir cuentas a quienes han sido tan inoperantes. Si seguimos actuando con indiferencia en este caso, seremos cómplices de lo ocurrido y de las consecuencias sociales que de ello se deriven.  

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