lunes 15 de febrero de 2021 - 12:00 AM

Nada justifica la presencia de niños en las calles para ejercer la mendicidad

Aún cuando los verdaderos padres de los menores estén en compañía de ellos en calles y avenidas en busca del auxilio de transeúntes, la situación produce gran preocupación e incluso rechazo de quienes estiman que bajo ninguna consideración es aceptable que estos infantes afronten una situación tan agotadora y riesgosa.
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Uno de los más antiguos y dolorosos problemas sociales de Bucaramanga, y en general de todas las ciudades de países poco desarrollados, es la mendicidad, expresión extrema de la pobreza que emerge hacia las zonas más pudientes de los centros urbanos o aquellas que tienen más comercio, y que crece por factores que varían desde la falta de oportunidades de empleo, el desplazamiento de zonas rurales violentas o, como lo estamos viendo hace unos cuantos años, por la migración intensa de nacionales venezolanos que transitan o se establecen en nuestros municipios.

Y si bien toda forma de mendicidad es dolorosa, humillante y dramática para quien la vive, aquella que incluye a niños incluso de semanas de nacimiento, es, quizás, la que más conmueve a quienes la presencian. La absoluta vulnerabilidad de estos bebés, su existencia al filo de la desgracia, sin duda estremece a las personas y concitan mayoritariamente la solidaridad de todos. Es por esto que, aún cuando los verdaderos padres de los menores estén en compañía de ellos en calles y avenidas en busca del auxilio de transeúntes, la situación produce gran preocupación e incluso rechazo de quienes estiman que bajo ninguna consideración es aceptable que estos infantes afronten una situación tan agotadora y riesgosa.

En Bucaramanga ha sido recurrente la denuncia de ciudadanos que aseguran que algunas personas usan a los niños más pequeños como forma de comercio para que sean empleados por otras personas para ejercer la mendicidad. De hecho, acaba de conocerse el caso de dos mujeres que pedían dinero a las personas en compañía de dos niños que no eran familiares suyos, ante lo cual las autoridades actuaron, rescataron a los menores e individualizaron a dos mujeres, en lo que, de confirmarse por la vía legal, constituiría una prueba de las frecuentes versiones de la existencia de un comercio de niños para mendicidad en el área metropolitana.

La Personería de Bucaramanga ha hecho el llamado urgente a las autoridades para que se proteja a estos niños y, aunque en este caso las mujeres implicadas son dos migrantes, lo cierto es que esta denuncia se ha hecho desde hace mucho tiempo, antes de que comenzara el éxodo venezolano, de tal suerte que sin importar cuáles sean las características particulares de cada caso, lo que está claro es que bajo ningún pretexto los niños pueden estar en la calle sometidos a una situación tan dolorosa y peligrosa como la mendicidad.

editorial
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