miércoles 22 de mayo de 2019 - 12:00 AM

No más agresiones a la prensa

Se puede estar en desacuerdo con las publicaciones, pero se ha convertido en una estrategia de gobernantes y poderosos sembrar duda sobre la ética de los periodistas

Un artículo publicado por ‘The New York Times’ el pasado domingo despertó una tormenta política en nuestro ya convulsionado país. Según el artículo, un instructivo del Ejército entregaría incentivos a los soldados según el número de bajas o los combates sostenidos. Este incentivo, de acuerdo con el texto, podría ser el inicio de una nueva política de “falsos positivos’, capítulo que dejó un doloroso pasado de miles de muertes de inocentes sobre el que aún no hay total claridad en el país.

La publicación despertó una ola de indignación entre aquellos que la consideraron una afrenta a la institucionalidad. Varios líderes, entre ellos la senadora María Fernanda Cabal, señalaron al periodista Nicholas Casey, autor del artículo, de ser cercano a las Farc y hasta publicaron una fotografía que supuestamente corroboraba esta relación. Como consecuencia, Casey recibió amenazas y debió abandonar el país. La fotografía resultó no ser cierta. EL NY Times reiteró a través de un comunicado que no toma partido en ningún conflicto político en ninguna parte del mundo. “Informamos de manera precisa e imparcial... En este caso, simplemente, reportamos lo que dicen los documentos escritos por el Ejército, así como información proveniente de los mismos oficiales colombianos”. Pero ya la agresión a la prensa se había desatado.

El lunes, en su habitual programa de Facebook, el alcalde Rodolfo Hernández arremetió contra el columnista de esta casa editorial Yesid Lancheros, porque le preguntó si tenía conocimiento o no de las negociaciones que su hijo pretendía hacer en el fallido contrato de disposición de basuras. Lancheros preguntó lo que cualquier periodista tendría que preguntar, y la respuesta del Alcalde fue atacar la credibilidad del periodista, sembrar duda sobre sus intereses y recurrir a su ya habitual insulto. Mientras esto sucedía, la periodista de la Silla Vacía Caribe Laura Ardila recibió mensajes amenazantes. Ardila es reconocida por denunciar la corrupción política en la Costa colombiana. Y María Jimena Duzán afirmó también haber sido amenazada en redes por su columna del domingo.

Es hora de parar las agresiones contra los periodistas y los medios. Se puede estar en desacuerdo con las publicaciones, pero se ha convertido en una estrategia de gobernantes y poderosos desprestigiar a los medios y sembrar duda sobre la ética de los periodistas, para de esta manera evitar dar respuestas.

En estas épocas de redes sociales y agresiones constantes, a veces pareciera que no se entendiera la importancia de la prensa para la preservación de la democracia. Los periodistas son narradores del acontecer diario y los medios están allí para contar lo que está pasando, darle voz al ciudadano y trabajar por hacer visible lo que algunos quieren mantener oculto.

El llamado es a pedir a los gobernates y líderes respeto por el trabajo de la prensa. Se puede disentir, se vale estar en desacuerdo. Pero lo que no es válido es fomentar el descrédito y la violencia como medio para distraer las discusiones y convertir a los periodistas, muchas veces simples mensajeros, en enemigos.

editorial
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