domingo 05 de julio de 2020 - 12:00 AM

Nuevamente el escándalo rodea al Fiscal General

La Fiscalía es una pieza decisiva en la estructura de la justicia en Colombia y no puede permanecer, una administración tras otra, desprestigiándose por las ligerezas de sus titulares.
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La denuncia por la que hoy responde el Fiscal General de Nación, Francisco Barbosa, por haber hecho un viaje a San Andrés, en misión oficial, pero en compañía de su esposa, su hija y una amiga de ella, ambas menores de edad, preocupa, no solamente porque recaiga sobre quien dirige y representa una institución de esa categoría, sino porque las circunstancias que hoy son motivo de investigación por parte de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, debilitan tanto a la figura del Fiscal, como a la entidad misma, un factor altamente inconveniente, sobre todo, tomando en cuenta la trascendencia de los asuntos que allí se tramitan.

Por otra parte, el viaje del Fiscal Barbosa es uno más de los tantos cuestionamientos que desde hace largo tiempo afronta la institución. Casos como el de Néstor Humberto Martínez, quien renunció a su cargo en medio de un escándalo en el que ocurrieron las muertes de Jorge Pizano y su hijo, además de un posible encubrimiento de personas relacionadas con Odebrecht. El fiscal anterior, Luis Eduardo Montealegre, tuvo que afrontar señalamientos por falta de transparencia en contratos sobre los que tenía ingerencia. Más atrás, la fiscal Vivian Morales tuvo que responder muchas preguntas de la prensa relacionadas con su esposo Carlos Alonso Lucio. De la fiscalía de Luis Camilo Osorio tampoco quedó un buen recuerdo. Es decir, de los nueve fiscales en propiedad que ha habido desde 1992, la mayoría ha propiciado escándalos.

Ahora, el fiscal Francisco Barbosa, con solo cinco meses de haber tomado posesión, ya responde a cuestionamientos, puesto que, por sobre las limitaciones implantadas por el Gobierno Central para controlar la pandemia, resolvió adelantar un viaje a San Andrés en cumplimiento de funciones oficiales, en compañía de su esposa y dos menores, para las cuales el decreto presidencial impone restricción especial. Es claro que el Fiscal no debió viajar en esa compañía, es claro que hizo uso injusto e injustificado de sus privilegios, es claro que su conducta, por lo menos, ya justificó una investigación de la Cámara de Representantes, luego es claro que lo que hizo no era lo debido.

La Fiscalía es una pieza decisiva en la estructura de la justicia en Colombia y no puede permanecer, una administración tras otra, desprestigiándose por las ligerezas de sus titulares. Ponderación, transparencia y honestidad es lo mínimo que debe demostrar el jefe del ente acusador en este país. Algo que, sin duda, durante los últimos años ha hecho mucha falta.

editorial
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