miércoles 08 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Nuevos problemas requieren nuevas soluciones

El hecho, demostrado ya con las cifras del Dane, de que la condición de pobreza monetaria aumentó de 2017 a 2018 en la ciudad, debe llamar también la atención de los dirigentes de la región

En 2018, por cada 100 bumangueses, algo más de 14 estaban en condición de pobreza monetaria. Este dato, conocido en el informe de Pobreza monetaria del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, Dane, mostró que exactamente el 14,5% de la población estuvo en esta condición, lo que significa un aumento de 2,5 puntos porcentuales con respecto a 2017, cuando la pobreza monetaria fue de 12%.

Este aumento, por sí solo, ya es un motivo de gran preocupación porque muestra un deterioro significativo en las expectativas de progreso, de empleo y en la misma calidad de vida de los bumangueses, pero la situación resulta aún más seria cuando se hacen consideración como la del experto Carlos Sepúlveda, decano de la Facultad de Economía de la Universidad del Rosario, en el sentido de que “uno de los fenómenos que ha podido afectar la dinámica de la región puede estar relacionado con la migración venezolana, puesto que Bucaramanga se vio impactado tanto en el mercado laboral, que repercute en la generación de ingresos, la informalidad y las condiciones de vida de los hogares”.

Sin que se caiga en la xenofobia, actitud que hemos rechazado con firmeza desde que comenzó la ciudad a experimentar los efectos lógicos de una migración de alto impacto, señalamos que es urgente que el Gobierno nacional fije finalmente unas políticas eficaces, eficientes y de largo plazo para que, tanto los departamentos, como los municipios puedan enfrentar este complejo fenómeno con medidas humanitarias hacia nuestros hermanos venezolanos, pero también con estrategias de protección y desarrollo hacia los locales que, por la ausencia de este tipo de alternativas, terminan desesperándose y cayendo en actitudes agresivas contra los migrantes.

El hecho, demostrado ya con las cifras del Dane, de que la condición de pobreza monetaria aumentó de 2017 a 2018 en la ciudad, debe llamar también la atención de dirigentes de la región para que convoquen a sus gremios y a todos los sectores de la producción a que propongan estrategias puntuales o aún macroeconómicas que nos permitan caminar con las soluciones al acelerado ritmo en que caminan las condiciones que están deteriorando nuestra economía, especialmente la situación de las familias más pobres.

Ya tenemos varios años de emergencia en la frontera en los que algunos de nuestros sectores industriales se han visto tan golpeados que han tenido que cerrar algunas empresas y despedir gran cantidad de empleados. No debemos ahora esperar de brazos cruzados a que la migración afecte otros frentes de comercio y producción local. El sector oficial y el privado tiene frente a sí esa inmensa responsabilidad histórica que no admite más dilación.

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