jueves 05 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Obras que nos muestran el atraso

Los vecinos del sector en construcción han tenido que pasar por más de cinco años de incomodidades en su barrio; pero además, la ciudad ha tenido también grandes pérdidas por la eleva-ción desmesurada del presupuesto de la obra
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Luego de tres administraciones, una que lo proyectó, la de Fernando Vargas; una que lo diseñó y contrató, la de Luis Francisco Bohórquez, y una que lo ejecutó en su gran mayoría, la de Rodolfo Hernández, el Intercambiador de la carrera 27 con Avenida Quebrada Seca, conocido como del Mesón de los Búcaros, ha tenido la peor de las suertes: adiciones presupuestales cuantiosas, problemas jurídicos por imprevisiones en su diseño, prolongadas parálisis en las obras, demora de 33 meses en su entrega y ahora quejas de la comunidad por problemas de seguridad en su tránsito peatonal.

Tenemos entonces que presenciar una vez más esa gran paradoja según la cual las obras que deberían servir para el progreso terminan comprobándonos que aún nos falta mucho para considerarnos avanzados en algún sentido, y no es tanto que la ingeniería nacional no esté en capacidad de proyectar, estudiar, diseñar, contratar y ejecutar obras de relativa complejidad, como este intercambiador, sino que los responsables de la administración pública o no tienen las capacidades necesarias porque acceden a las posiciones del Estado no por razón de su idoneidad sino de su capacidad de intriga, sino, sobre todo, porque la corrupción supera con creces la posibilidad de llevar todos estos procesos de obra pública con la eficiencia y transparencia debidas.

Los resultados son patentes, como ocurre en este caso del Mesón de los Búcaros. Los vecinos del sector en construcción han tenido que pasar por más de cinco años de incomodidades en su barrio, incluyendo inseguridad, especialmente para las alumnas de la Escuela Normal; pero, además de esto, la ciudad ha tenido también grandes pérdidas en lo económico por la elevación desmesurada del presupuesto inicial de la obra, a la que se la han adicionado más de $34.500 millones, $25.500 millones de ellos en la administración Bohórquez.

Pero, además del tiempo y el dinero, la ciudad va perdiendo un intangible que pocas veces se toma en cuenta, pero que es determinante en la vida de las personas: la confianza en sus instituciones, en sus dirigentes y, finalmente, en cada uno de nosotros. En pocos días comenzamos ya la tercera década del siglo XXI y tenemos que reconocer, por proyectos como este, que debemos progresar a un ritmo mucho mayor y eso tiene que ver con exigir más de nuestros líderes, pero sobre todo, de viabilizar sus ejecuciones, o en este caso, sus incapacidades .

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