jueves 20 de junio de 2019 - 12:00 AM

Otro cuento de nunca acabar

Una autoridad irrespetada, una entidad sin recursos y unos conductores, especialmente de motocicletas, que no responden a la prudencia, sino a la temeridad, son los ingredientes perfectos para que crezca el caos vial.

La última escena que vimos ayer, relacionada con el tránsito de la ciudad, fue a un alférez liado a golpes con un ciudadano que tomó una muleta como arma para irse contra la autoridad, aunque el agente en su defensa desarmó al agresor pero, en lugar de reducirlo o neutralizar su furia, se fue sobre él golpeándolo también.

Estos espectáculos, que las redes exponen con sevicia y morbosidad, son la resultante de una lógica social dislocada según la cual la violencia es el primer recurso para dirimir las diferencias o para evadir la acción de las autoridades, en especial cuando, como es el caso de los alféreces de tránsito, son hombres desarmados que, además de la agresión de algunos ciudadanos, suelen recibir sanciones o investigaciones internas, si reaccionan ante los ataques.

Pero, lamentablemente, esta es solo una de los tantas endemias que sufre la Dirección de Tránsito de Bucaramanga que afronta sin éxito la arremetida de la piratería en todas sus posibles variantes, la escasez de recursos que la hace poco operativa, el reducido número de agentes para regular el tránsito, la falta de equipos, vehículos y herramientas de todo tipo para cumplir con sus funciones, las vías que no se ensanchan ni modernizan, mientras el parque automotor crece exponencialmente y, sin duda, la corrupción que no termina por salir de estas entidades.

Pero, hoy tal vez el drama más grande de los agentes de tránsito es la vulnerabilidad a la que están expuestos, ante la agresión cada vez más frecuente de ciudadanos, que al irrespeto por las normas de tránsito le suman la violencia y la agresión contra los agentes. Estos hechos violentos merecen la mayor sanción por parte de las autoridades.

Además de la situación de vulnerabilidad de los agentes, es necesario hoy subrayar la tragedia de la muerte, ya no frecuente sino permanente, casi diaria, en las vías de la ciudad y el área metropolitana, de los motociclistas. La situación es tan dramática que en los 19 días que han transcurrido de este mes, ya son 10 los conductores o pasajeros de motocicletas que han perdido la vida.

Su suman aquí todos los factores anotados para llegar al terrible resultado de un tránsito que cada dos días o menos tiene que levantar un cadáver del asfalto. Una autoridad irrespetada, una entidad sin recursos y unos conductores, especialmente de motocicletas, que no responden a la prudencia, sino a la temeridad, son los ingredientes perfectos para que crezca el caos vial.

Es inevitable entonces la trágica pregunta ¿cuántos muertos más hay que esperar para que se le ponga remedio definitivo al tránsito en la ciudad?

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