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Editorial
Jueves 04 de enero de 2024 - 12:00 PM

Pésimo balance con la pólvora

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Con un pésimo balance, como se podría prever, dada la ausencia casi total de controles efectivos de las autoridades sobre el transporte, comercio y utilización de pólvora, terminó la temporada de Navidad y fin de año en Bucaramanga, con una cifra deplorable de aumento en 37 % del número de quemados en la ciudad, que solo sirve para confirmar que sigue inalterada la nociva tradición de prácticamente explotar el aire bumangués en las noches del 24 y 31 de diciembre, sin que importen para nada las consecuencias, incluso fatales, que este ataque masivo al medio ambiente, puede tener en las personas y los animales.

De hecho, las cifras indican que entre los lesionados con la pólvora en diciembre (con un aumento del 200 % en casos de niños), el 27 % sufrió amputación de alguna parte de su cuerpo. Esta nueva tacha queda en el gobierno del exalcalde Juan Carlos Cárdenas al que no le valieron los insistentes llamados de amplios sectores de la comunidad para controlar este problema. Todo esto, que se ha repetido un diciembre tras otro, nos indica la necesidad imperiosa de establecer una política de control sobre la pólvora que garantice la seguridad de todos en los años venideros.

Hay que ir más allá del inoperante decreto decembrino, que se ha convertido en un paso insustancial y un motivo de burla para el alcalde de turno. El problema radica, en gran medida, en la falta de regulación efectiva y permanente sobre la venta y uso de la pólvora. Es esencial que las autoridades asuman un papel activo en la implementación de medidas más estrictas para salvaguardar la salud pública. Esto podría incluir restricciones en la venta a menores de edad, la prohibición de ciertos tipos de artefactos pirotécnicos y la imposición efectiva de sanciones para quienes violen estas normas.

La adopción de medidas más estrictas no pretende restarle encanto a las celebraciones, sino proteger el medio ambiente y la integridad física de personas cuya salud se afecta de varias maneras como consecuencia de estas masivas quemas de pólvora. Además, también es necesario considerar el impacto negativo en el bienestar de mascotas y animales silvestres, que a menudo sufren traumas o pierden sus hogares o su vida, debido al estruendo de los fuegos artificiales. Si se piensa y se actúa con tiempo, se puede alcanzar la educación, la conciencia y la solidaridad necesarias en la sociedad para cambiar una tradición nociva y peligrosa por alguna más creativa y edificante.

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Publicado por Editorial

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