domingo 16 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Polo ¿Democrático Alternativo?

En sus principios, muchos colombianos vieron al Polo Democrático Alternativo como una reivindicación de la izquierda. Como a un nuevo partido que podría, respetando las instituciones y acatando el sistema, mostrarle al país que los movimientos considerados como de izquierda no son por naturaleza violentos e inhumanos, como los han hecho aparecer las Farc, o anacrónicos y de espaldas a las nuevas tendencias políticas y económicas mundiales, como lo han expuesto varios de los vecinos de la región, así como las colectividades de algunas naciones europeas.

En teoría, a grandes rasgos el Polo representaría una tendencia de pensamiento más social, preocupada por el bienestar de los más pobres, por brindar igualdad de oportunidades a los ciudadanos del común y velar desde el Estado por una distribución más justa del ingreso. Pero lamentablemente no ha sido así. Y no ha sido así, porque además de las diferentes variantes que el Polo permitió que ingresaran a sus entrañas y que lo contaminaron de la politiquería de antaño, igual o inclusive más que a los partidos tradicionales, la nueva colectividad parece haber perdido su rumbo.

Sí. Además de que en su interior no ha puesto en práctica ideas precisamente democráticas o de apertura ideológica en cuanto a la designación de sus principales figuras, en el campo de la política internacional ha dejado ver en las últimas semanas una imagen que tiene asombrada a la opinión pública.

Es que actos como el de visitar a Hugo Chávez en una actitud rayana en la pleitesía, cuando el trato que le ha dado el mandatario venezolano a Colombia se puede considerar como humillante y despectivo por decir lo menos, levanta serias dudas sobre los pilares ideológicos del Polo.

Lo anterior sin contar, claro, con la admiración profesada y poco disimulada por el líder venezolano, quien hace rato rompió las barreras de la democracia para someter a su propio país a una dictadura de las que se pensaba morirían con los hermanos Castro en Cuba.

Así las cosas, el Polo tiene una deuda gigantesca con sus seguidores y un reto inmenso ante el país entero. Y ese desafío no incluye únicamente demostrar que los partidos de izquierda no son, como ya se mencionó, agrupaciones violentas, extemporáneas y totalmente alejadas de la realidad, sino que además, están en capacidad de hacer una oposición seria y sustentada sin caer en confabulaciones de diplomacia paralela contra su propia nación.

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