sábado 18 de julio de 2009 - 10:00 AM

Pragmatismo para las bases militares

Para analizar con sensatez el caso de las bases militares en el país con presencia de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, hay que ir por partes. Tres para ser más exactos.

La primera tiene que ver con la polémica sobre si esa permanencia de miembros del ejército de E.U. en Colombia, viola la soberanía nacional.

Sobre el tema, se puede decir que más allá de las ya conocidas opiniones, bastante anacrónicas por cierto de los representantes de la izquierda, el concepto de soberanía está revaluado en estos tiempos globales. En otras palabras, no se trata de una incursión sin permiso, subrepticia, forzada, ni nada por estilo de E.U., sino de una cooperación convenida para combatir a enemigos comunes.

El segundo aspecto tiene que ver con el trámite del permiso para operar tales bases, sobre el cual existen varias teorías que con el tiempo tendrán que ser aclaradas con suficiencia para corregir cualquier error de trámite que se hubiera podido cometer, si fuera el caso.

 Y todo lo anterior lleva al tercer factor a ser considerado, que sin duda alguna, es el más importante de todos. Se trata de la conveniencia sobre el terreno, del beneficio real que dicha presencia norteamericana pueda traerle a la realidad de los colombianos.

Para explorar ese aspecto, hay que comenzar por aceptar que lamentablemente, el Ejército Nacional, a pesar de sus evidentes avances y mejoras de los últimos años, todavía no está en capacidad, entre otras cosas por falta de recursos y tecnología, de controlar amplias zonas del país o golpear con más inteligencia y frecuencia a narcotraficantes y guerrilleros. Y es precisamente en ese sentido, que el acuerdo para que ayuden los Estados Unidos puede ser de gran utilidad.

Pero eso no es todo. Si bien el permiso para la estadía en territorio nacional va con seguridad a generar discusiones con Venezuela y Ecuador y más concretamente con sus cuasi dictaduras, no se puede negar que esa alianza con E.U. servirá simultáneamente para disuadir cualquier impulso de megalomanía que pueda llegar a afectar a sus gobernantes, sobre todo cuando con el tiempo comiencen a desmoronárseles los modelos inviables política y económicamente que han tratado de imponer.

En resumidas cuentas, puede que el pragmatismo sea el eje de todas estas razones y argumentos, pero esos elementos son necesarios por no decir que imprescindibles en el tratamiento de problemas y enemigos tan serios como el narcotráfico, las organizaciones delincuenciales armadas o los vecinos desleales. 

 

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