martes 28 de abril de 2009 - 10:00 AM

Precaución, pero no alarmismo

Por estos días, el mundo tiene una razón más para preocuparse. El brote de gripe porcina, cuyos orígenes están en México pero cuyos efectos ya se sienten con enfermos y hasta muertos en diferentes partes del planeta, se suma a las alarmas ya ululantes por la grave crisis económica general.

El virus, potencialmente mortal y de fácil propagación, pondrá a prueba dos aspectos de la vida diaria que en principio y para este caso, parecen desconectados, pero que en esta ocasión, están relacionados estrechamente: Los modales y la economía.

Es que de la primera depende en buena medida que la epidemia no se extienda demasiado y la segunda, podría verse aún más afectada si eso ocurre.

En otras palabras, el simple hecho de recordar viejos modales como el de taparse la nariz y la boca al momento de estornudar y toser, o lavarse las manos antes de comer, tan en desuso en la actualidad, puede salvar del contagio a miles de personas. La gripe porcina se transmite entre los humanos por vía aérea y cualquier precaución que se tome por simple o básica    que parezca, puede hacer la diferencia.

Diferencia que ya empezó a sentir por su lado también la economía de varias naciones por cuenta de la posible propagación del virus, que ya golpeó a varias bolsas de valores y cuyos efectos, de convertirse en pandemia, serían mortales para industrias como la turística, la aeronáutica e incluso algunos sectores de la alimenticia.

Hasta el momento, el Gobierno ha tomado las medidas que parecen necesarias en puertos y terminales aéreos para detener en la medida de lo posible el ingreso de la enfermedad al país. Sin embargo, no toda la responsabilidad y el trabajo se le pueden dejar al Estado. El ciudadano del común debe estar muy conciente del peligro y así tomar todas las precauciones posibles para evitar poner en riesgo serio su salud, la de su comunidad y la economía del país. 

 

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