viernes 09 de diciembre de 2022 - 12:00 AM

Prohibición de la pólvora no puede ser un saludo a la bandera

El hecho de que siempre se repita el mandato y la burla al mismo, es lo que hace que nunca lleguemos a los diciembres sin estruendos, sin contaminación, sin animales aterrados y, lo más importante, sin personas quemadas en los hospitales

Con la noche de las velitas, comienzan las celebraciones decembrinas y con ellas, como es ya costumbre, empieza a conformarse la lista de personas quemadas por pólvora, que sigue estallando por miles de veces en la ciudad, aunque esté prohibida, aunque se asegura que las autoridades la van a controlar, aunque se comprometen los gobiernos a pasar el último mes del año con la utópica cifra de cero quemados. Pues a solo siete días de haber comenzado diciembre, ya son seis adultos los heridos por causa de la pólvora en el departamento, tres en Bucaramanga, uno en Barrancabermeja, uno en Sabana de Torres y uno en Confines.

En varios editoriales hemos hecho notar ciertas medidas que toman, una tras otra, las alcaldías, sin que tengan la menor efectividad, al punto de que se vuelven como una especie de ritual que lleva a ninguna parte, que no tienen fondo alguno y que no entraña más mensaje que el de la inutilidad de lo actuado. Es lo que ocurre cada año, en diciembre, con el decreto que prohíbe el uso de la pólvora en la ciudad, pues nunca se cumple, ni por un solo día.

Este año, como es costumbre, desde el primer día del mes se oyen las explosiones de la pólvora, no solo en Bucaramanga, sino en toda el área metropolitana, sin que las autoridades realmente puedan hacer nada, pues es ridículo pensar que el cuerpo policial, por ejemplo, persiga calle por calle a cada ciudadano que esté disparando artefactos pirotécnicos hacia el firmamento. Por esto es que el decreto es un saludo a la bandera y nada más, y el hecho de que siempre se repita el mandato y la burla al mismo, es lo que hace que nunca lleguemos a los diciembres sin estruendos, sin contaminación, sin animales aterrados y, lo más importante, sin personas quemadas en los hospitales.

Atender desde enero el problema para las familias que han vivido de la fabricación de la pólvora, creando para ellos formas de sustitución de su actividad u otras opciones comerciales; educar a la población sobre los daños y riesgos del uso irresponsable de la pólvora, perseguir las vías clandestinas de comercialización de un elemento prohibido, por ejemplo, serían esfuerzos reales para alcanzar los cero quemados y las noches de navidad y año nuevo en total tranquilidad, lo que nunca se va a lograr con la expedición de decretos hechos solo para dejar una constancia inane de la supuesta preocupación de las autoridades por la salud y la seguridad de las personas.

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