sábado 21 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Que la pandemia no nos haga olvidar la vía Curos-Málaga

La causa real de los desastres frecuentes en esta vía es la irresponsabilidad e indolencia del Estado frente a una provincia laboriosa, educada, pujante y recia como lo es García Rovira.
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Ante la ausencia del Estado, especialmente frente a necesidades imperiosas, las comunidades salen a cumplir labores que no les son propias y de las cuales, por supuesto, pueden derivarse problemas mucho peores que los que están tratando de solucionar. Una situación como esta es la que se vive en la carretera Curos-Málaga, donde campesinos de nueve veredas que dependen de esta vía se fueron con sus herramientas de labranza al kilómetro cinco, a tratar de abrir paso para vehículos que puedan transportarlos a ellos y a sus productos, para sí resolver una situación que amenaza ruina.

Los campesinos, valiéndose de sus picos y palas, han logrado allanar el camino que quedó intransitable por los derrumbes producto de las lluvias de febrero, pero para ello no solamente pusieron en riesgo su integridad y sus vidas al trabajar junto a una montaña aún inestable, sino que el resultado de su labor no es el idóneo para superar peligros que aún tiene la vía y que no se pueden eliminar con estas herramientas livianas. El resultado es una aparente solución que en realidad puede significar un peligro no detectable por los próximos usuarios de la vía.

La gente que hizo este trabajo y superó el cierre total de la carretera al lograr abrir una luz para un paso restringido de vehículos, asegura que decidieron unirse y dedicarse a la tarea de palear tierra, ante la sensación de abandono y olvido que les dejó el Gobierno Nacional y Departamental que no solucionó una situación que para ellos significa su derrumbe económico.

Lo más lamentable para todas las personas que dependen de la vía Curos-Málaga es que esta, luego de largos años de lucha, había llegado a 12 kilómetros pavimentados y luego de la emergencia invernal del mes pasado, se redujo a solo 8 kilómetros. Las comunidades afectadas tienen toda la razón de su descontento y de sentirse traicionados por un Estado que por décadas les ha prometido el mejoramiento de la infraestructura vial, que ha explotado electoralmente esa necesidad y que en momentos de emergencia como el actual, simplemente les da la espalda y los insta a esperar semestres y años enteros para arreglar los daños que el invierno dejó, aunque la causa real de los desastres frecuentes en esta vía es la irresponsabilidad e indolencia del Estado, con una provincia laboriosa, educada, pujante y recia como lo es García Rovira.

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